Odio en el nombre de Dios

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

El odio étnico y religioso está en auge. En muchos países la religión es sinónimo de identidad nacional. Es un arma más en el arsenal de los ultra nacionalistas que promueven la intolerancia religiosa. Es llamativo el empleo de tácticas terroristas para atacar y amedrantar a los creyentes. Dos grandes atentados recientes subrayan una tendencia que crece en forma amenazante.

En Christchurch, Nueva Zelanda, el 15 marzo, un agresor causó la muerte de 51 personas en dos mezquitas. El atacante, un “lobo solitario” australiano, actuó motivado por la islamofobía. El asesino, antes de descargar sus fusiles automáticos, divulgó un manifiesto en el cual incitaba a nuevos ataques contra musulmanes.

Nadie podía imaginar que la masacre sería replicada, multiplicada por cinco en cuanto a muertes, en Colombo y otras localidades de Sri Lanka. Los atentados ocurridos el 21 de abril fueron llevados a cabo contra iglesias cristianas y hoteles por militantes esrilanqueses del Estado Islámico (EI). A diferencia de Christchurch, los terroristas cargaron mochilas con explosivos con las cuales se inmolaron junto a los fieles que oraban. Es la mayor matanza de la organización yihadista fuera de Irak y Siria.

La intolerancia llama a la intolerancia. La matanza de Christchurch fue la que motivó al EI a ejecutar sus ataques suicidas en Sri Lanka. Era una venganza por los musulmanes asesinados, explicaron los voceros del EI. Tres semanas después de las bombas, miles de esrilanqueses organizaron ataques en las áreas musulmanas quemando negocios y destruyendo mezquitas. Un musulmán fue asesinado y decenas resultaron heridos. Así se alimenta y multiplica la dialéctica del odio.

En Estados Unidos y Europa crece el antisemitismo. Los atentados contra sinagogas y judíos muestran una curva ascendente. De igual manera está a la vista el incremento de la cristianofobia. Un estudio reciente del Ministerio de Relaciones Exteriores británico señala que en el mundo islámico: “La abrumadora mayoría, 80 por ciento, de las persecuciones religiosas son contra creyentes cristianos… En el Medio Oriente la población cristiana solía representar 20% de la población y ahora es de 5%”. El informe da cuenta que la población de palestinos cristianos descendió de 15% a 2%.

La intolerancia es alimentada por el miedo. En Europa y Estados Unidos abundan los agitadores fascistas que atizan las llamas de un nacionalismo supremacista. Ello, en un terreno fértil creado por las incertidumbres de la globalización. Las personas rehúyen a la inseguridad. Por eso buscan reforzar su identidad aunque sea a expensas de otros. La religión es convertida en una trinchera de la xenofobia. Es una postura que, en definitiva, daña tanto a los que excluyen como a los excluidos.

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