¿Cuánto los amamos?

Por Alfred Cooper
  • Obispo anglicano y ex capellán protestante de La Moneda

Por primera vez, nos dicen -¡y con mucha alegría recibimos la noticia!- que es posible revertir para siempre los horrores conocidos por la opinión pública al interior del Sename. Esto, gracias a una creciente fila de padres que se han ofrecido para acoger en sus hogares a un menor mientras se decide su futuro más feliz. En concreto, la buena noticia es que “los niños en protección que ingresaron a esta modalidad superaron a los que llegaron a un centro de menores institucionalizado”. La modalidad a la cual refiere el artículo en El Mercurio del domingo 19, es el movimiento Familias de Acogida, iniciado por el matrimonio Silva y dos parejas más en 2007, quienes han protagonizado esta iniciativa de misericordia realista.

Ya que conozco personalmente a Alonso y a su esposa, Rachel, cristianos evangélicos, profesionales de clase media, puedo dar fe que su motivación es la de mostrar el amor de Cristo a los niños más vulnerables del país. Trabajan dentro de un esforzado y esperanzado equipo, no todos evangélicos, unidos por un común propósito: el mayor bien de nuestros niños.

La noticia ha sido recibida como una de las mejores expresiones de nuestra cultura reciente, ya que ofrece una muy práctica solución a una problemática social tan cruel y deshumanizada. Ya dos estudios de comisiones parlamentarias y del poder judicial habían dejado al descubierto durante los últimos dos años, la destrucción gradual de los menores recluidos en estado de vulnerabilidad incomprensible, sufriendo abuso sexual constante, violencia, muerte, ostracismo y olvido. Pero ahora pueden ser acogidos, estos mismos menores, por una pareja debidamente seleccionada, cuidados y protegidos en sus hogares hasta encontrarles una familia más permanente que los adopte.

He sido testigo en nuestra iglesia, además, del duelo al cual se exponen a sabiendas las parejas de Acogida al entregar a otras manos y hogares a ese menor que han cobijado por un período, en ocasiones extendido a un año o más, de cariño mutuo. Se busca, más encima, destrabar la Ley de Adopción para agilizar mayormente esta solución a largo plazo. ¡Aplausos, felicitaciones y agradecimientos!

“¡Dejen que los niños vengan a mí!”, corrigió Jesús a sus discípulos cuando querían postergar a los niños. Los acogía y los bendecía. Los niños de nuestro país ya sufren el dolor de la separación y el divorcio casi normalizados. Pandillas reclutan y movilizan a niños que no conocen la seguridad y disciplina de una familia amorosa. Proyectos educacionales apuntan a la sexualización indebida de nuestros menores sin opción de exclusión a colegios confesionales ni de los padres.

¿Cuánto amamos, de verdad, a nuestros niños? Démosles la identidad sana, instrucción civil, respeto a las autoridades, servicio a la comunidad, capacidad de amar, el desarrollo sano de relaciones personales y honor a todos, valores que inculca la familia saludable.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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