De nuevo la educación

Por Hugo Tagle
  • Sacerdote y columnista. Twitter: @hugotagle

¡Qué lástima tener que escribir sobre violencia en los colegios! La violencia en el Instituto Nacional ya cruzó todos los límites imaginables. La violencia nunca tiene justificación, pero algo se podía entender de la indignación de los alumnos hasta unas semanas atrás. Pero el nivel de violencia, con amenazas de ¡quemar! a apoderados, la cobardía de los enmascarados, resulta ya desolador. Patético y triste. Una caricatura del idealismo juvenil que uno podría haber visto antes. Es la antítesis de cualquier proyecto educacional. Una buena forma de lograr el rechazo y desprecio de sus pares. Esos encapuchados se ríen de sus compañeros, de los profesores y apoderados. No son el gobierno, “los ricos”, o el Ministerio el objetivo de sus demandas. Es atacar al otro, al igual, simplemente porque lo desprecian. La violencia desatada en el Instituto Nacional es un abierto desprecio por los más pobres, por los niños, por los que quieren aprender y sacar partido a su institución. Yo esperaría más de los mismos apoderados. Los profesores deben estar atemorizados. Se entiende. Luchar contra una violencia que se escuda en máscaras y capuchas es muy difícil. Pero los apoderados podrían hacer más. Tomar cartas en el asunto e interpelar a los padres de estos alumnos.

Pero quiero referirme también al cambio curricular que se ha presentado en estos días. Más que preocuparnos de la enseñanza de la educación media, debemos poner el acento y atención en los primeros años de educación. Ahí se juega todo. Pienso en los hábitos de lectura, las habilidades matemáticas y la adquisición de una disciplina básica para afrontar el estudio y, en suma, la vida. En EEUU, los primeros años de educación se dedican casi exclusivamente a formar hábitos -puntualidad, buen trato, aprender a conversar y argumentar, respeto por los demás-. Más que el acento en los conocimientos, éste debe colocarse en la adquisición de habilidades; herramientas para abordar las relaciones sociales.

Me preocupa la falta de comprensión lectora. Son de sobra y tristemente conocidas nuestras deficiencias en la lectura. Más del 50% de los chilenos no entiende lo que lee. Leemos poco. Si leyéramos más, seríamos más cultos, educados, tolerantes y respetuosos. Una sociedad que cultiva el hábito de lectura espanta los fantasmas de la soledad, droga y el alcoholismo. No los elimina, pero al menos es una herramienta que combate estas lacras.

Lo mismo con las habilidades matemáticas. Todo comienza en los primeros años de educación. El resto, son parches que se van superponiendo a esta capa inicial, clave para el desarrollo humano. Y lo que no se “aprehendió”, no se adquirió en los primeros años de vida, luego es muy difícil adquirirlo.

Bien la incorporación de educación cívica. Uno de cada tres alumnos no cree en la democracia y justifica la violencia como camino para lograr objetivos. Mal. Hay que educar a la tolerancia, el respeto; a saber argumentar y escuchar argumentos. El arte del diálogo no es fácil. Supone paciencia, razonar, hilar ideas en forma coherente. Es un arte que requiere ejercicio y esfuerzo. Pero está en la base de la construcción democrática y pacífica de la sociedad. Es de esperar que dé frutos.

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