Rusia: justicia insólita

Por Raúl Sohr

* Analista internacional

El periodista investigativo ruso Ivan Golounov fue arrestado en Moscú. De inmediato fue llevado a una comisaría donde en una mochila, que Golounov señaló que no le pertenecía y jamás había visto, los policías descubrieron drogas. Su casa fue allanada y allí encontraron una “cantidad importante de estupefacientes” que, según señalaron los policías, el periodista tenía la intención de vender. La acusación de narcotráfico estaba implícita y con ella una larga sentencia de cárcel.

Golounov, investigador del medio digital Meduza, venía de publicar un reportaje sobre “las mafias de las pompas fúnebres”. Detallaba el caso de una mujer a la que se le exigía un cobro mayor por el entierro de un pariente. Algo que ocurre a muchos ciudadanos que sin más prefieren pagar lo que se les pide. Ello, en circunstancia que los sepelios son gratuitos, pues los municipios reciben fondos para ese propósito. La crónica señalaba cómo funcionarios de las pompas fúnebres, policías y elementos mafiosos presionaban a los deudos para que pagasen altas sumas.

Durante su estadía en la comisaría, Golounov recibió una paliza, a manos de dos agentes, antes de comparecer en un tribunal. Su caso despertó una instantánea ola de rechazo. En un caso inédito, tres de los diarios más influyentes de Rusia titularon igual este lunes: “Nosotros somos Ivan Golounov”. Más adelante señalaron: “Estimamos que las pruebas de culpabilidad de Golounov, aportadas por los investigadores, no son convincentes y la circunstancia de su arresto indica que fue violada la ley… No excluimos que su arresto esté ligado a sus actividades profesionales”. Los medios, que son lectura regular de la clase política y empresarial, sacudieron a la opinión pública. En forma espontánea, a través de redes sociales se sumaron veinte mil firmas exigiendo la liberación de Golounov.

Las autoridades enviaron al acusado a detención domiciliaria y poco después lo liberaron porque no existían cargos en su contra. En las drogas encontradas no apareció ninguna huella de Golounov. El caso del periodista desató una ola de indignación pública que culminó con una manifestación este miércoles en la que fueron detenidas cerca de 200 personas. La protesta apuntaba más allá del investigador maltratado. La indignación nacía ante la arbitrariedad del poder que recurre con frecuencia a cargos falsos para acallar denuncias. Como en el caso de las pompas fúnebres, en otros sectores de la sociedad rusa se tejen trenzas mafiosas que son protegidas por la policía y los servicios de seguridad. El ministro del Interior, en todo caso, adelantó que serán dados de baja los funcionarios que participaron en el operativo, así como otros oficiales. Está por verse si el caso marca un punto de inflexión o es una golondrina pasajera.

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