Columna de Raúl Sohr: El corto brazo de la justicia internacional

Por Raúl Sohr

* Analista internacional

Tres crímenes fueron ventilados esta semana. Uno, el derribo del avión Malaysian Airlines, en julio del 2014, sobre territorio ucraniano ocupado por fuerzas filo rusas. Dos, el asesinato del periodista saudí Jamal Kashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, en octubre del año pasado. Tres, la muerte de Mohamed Morsi el lunes, mientras comparecía ante un tribunal. Los casos han derivado en investigaciones internacionales, o el pedido a Naciones Unidas en el caso de Morsi, para castigar a los culpables.

El derribo del avión malayo, en que perecieron 298 personas, ha sido investigado por un comité especial holandés que viene de imputar a cuatro individuos: tres oficiales rusos en retiro, que sirvieron en fuerzas especiales o el espionaje, además de un ucraniano. El cuarteto enfrentará acusaciones de asesinato por el disparo de un misil BUK, de fabricación rusa, que abatió la aeronave. En el tribunal holandés, que sesionará en marzo entrante, los acusados no estarán presentes. Rusia ha desechado la investigación. Alega que la evidencia provino de los servicios de inteligencia ucranianos interesados en culpar a Moscú. Si los imputados fuesen sentenciados será en ausencia y no pagarán por el crimen.

Sobre el asesinato de Jamal Kashoggi, un periodista y disidente saudí, existe abrumadora evidencia de la participación del gobierno de Arabia Saudita. Hay filmaciones de un comando proveniente de Riad, están las grabaciones de la inteligencia turca de lo ocurrido en el consulado y muchas pruebas más. Ahora, una relatora del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que investigó el crimen, acusa a importantes miembros del gobierno saudí, incluido el príncipe heredero y gobernante de facto, Mohamed bin Salman, por la ejecución del crimen. La imputación no tendrá consecuencias, pues será descartada por Arabia Saudita que es una pieza clave para Occidente, tanto por su flujo petrolero, como por la compra de armas y alianzas para cercar a Irán.

Finalmente, está el caso de Mohamed Morsi, el único presidente democráticamente electo en la milenaria historia de Egipto. Morsi, un islamita, fue elegido representando la Hermandad Musulmana, en junio de 2012, y fue depuesto en un cruento golpe militar en julio de 2013. Desde entonces estuvo en la cárcel donde sufrió torturas, estuvo confinado en solitario la mayoría del tiempo y no recibió medicamentos para su diabetes. Por ello, hay quienes, como el presidente turco Recep Tayyip Erdogan,   acusan al régimen egipcio de haber propiciado su muerte y piden una investigación sobre las circunstancias de su deceso. Es improbable que la iniciativa prospere. En materia de justicia internacional suele pesar más el poder de los protagonistas que la evidencia de los hechos.

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