Despenalizando la pedofilia…

Por Alfred Cooper

* Obispo anglicano y ex capellán protestante de La Moneda

En 1998 fue publicado un estudio que daba a entender que los daños por el abuso sexual a menores, no eran, en efecto, tan nocivos. Fue el famoso Informe Rind, entregado al mundo de la academia por su autor principal, el sicólogo Bruce Rind, informe que recibió, en su tiempo, abrumador rechazo en ambas cámaras del Congreso de los EEUU. El estudio fue criticado como poco científico y “falto de metodología adecuada, más bien un artículo que utiliza la ciencia inapropiadamente para propagar su causa” (Dallam, SJ, 2001). "Science or Propaganda? An Examination of Rind, Tromovitch and Bauserman". Journal of Child Sexual Abuse. 9 (3/4): 109–134. doi:10.1300/J070v09n03_06.) La población quedó tranquila en el consenso que la pedofilia constituiría siempre un crimen abominable. Uno pensaría que el aplastante dictamen sepultaría para siempre la impensable posibilidad de que algún día se legalizara, o se “despenalizara” como primer paso, la pedofilia. Pero no fue así.

Por increíble que parezca, hoy en España, en México, en Canadá, en Holanda (donde en 2006 se dio a conocer un partido político, Maritjen Association, dedicado a legislar al respecto), por mencionar a los más sobresalientes, existen proyectos de ley que buscan difundir la idea de que actos sexuales con menores consentidos, no deberían ser penalizados. La ley de consentimiento habría de ser reducida drásticamente, dicen, especialmente desde que se ha legalizado el que niños elijan su género a temprana edad. ¿Por qué no permitir que sean sexualizados también? Debe entenderse el amor al sexo con menores como otra expresión del instinto sexual normal y, al despenalizarse, ayudaría a que la sociedad comprendiera lo inocuo que es. El razonamiento perverso es impecable.

Quien dude de lo que informo, y si tiene estómago para hacerlo, entre al sitio web Nambla para caer en la realidad de lo que se está proponiendo, su intrépida inserción en los estamentos legales y la seriedad de su propagación. “Pedo sexualidad”, “Boy Lovers”, necrofilia, zoofilia, son todos temas tratados.

El cristianismo fue capaz de transformar la híper sexo-cultura greco romana y ha advertido siempre que al “des-construir” las normas divinas reveladas con respecto al matrimonio y a la familia, no queda resguardo ante la peligrosa caída libre y eventual corrupción moral de una sociedad. “La realidad es que cuando se desarraiga la sexualidad de su contexto natural e histórico”, dicen Laje y Márquez en su “El Libro negro de la nueva izquierda”, “se vuelve a explicar en términos de la cultura”. Sugieren que el motivo real es político.

¡Párale! La mayoría de los chilenos votará en una urna privada durante los próximos dos años. Aseguremos que ninguno que apoye la ideología de género en estas engañosas manifestaciones llegue al poder, ni legislativo, ni ejecutivo.

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