Boris Johnson en el país de las maravillas

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Boris Johnson, el nuevo primer ministro británico, abrió su gobierno con una promesa: dar “inicio a una nueva edad de oro” que hará de Gran Bretaña “el mejor lugar de la Tierra”. Winston Churchill, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, sólo ofreció “sangre, sudor y lágrimas”. El contraste es relevante. Churchill pronunció su sentencia antes de entrar en un conflicto sangriento. La encrucijada actual enfrentada por Londres es considerada la más seria desde la última guerra mundial.

¿Por qué es tan serio el reto que enfrentan los británicos? Uno, puede marcar el fin del Reino Unido. Escocia, que junto a Gales e Irlanda del Norte conforman el Reino, ha señalado que proclamará su independencia si se concreta una salida sin negociación con la Unión Europea (UE). Dos, el peso político internacional de Gran Bretaña no será la sombra de lo que fue al abandonar la UE. Un primer ejemplo, luego de la captura de un tanquero inglés por parte de Irán, Londres recurrió a Estados Unidos. El presidente Donald Trump les señaló que ellos deberían velar por sus propios buques. Acto seguido, Inglaterra pidió a los europeos que conformasen una fuerza naval para escoltar los buques. La gravitación británica, que le permitía golpear por encima de su peso, dependía de su condición de país atlántico, que operaba como una eficaz bisagra entre Estados Unidos y el viejo continente. Con Trump, campeón de políticas proteccionistas y con un enfoque de estrecho nacionalismo, la llamada “relación especial” entre Londres y Washington se debilita. El retiro de la UE es un salto al vacío de consecuencias imprevisibles para los ingleses.

En su campaña para alcanzar el gobierno, Johnson señaló tres objetivos. El primero, salir de la UE con o sin un acuerdo el 31 de octubre. Todo indica que no conseguirá esta meta. Tanto porque no tiene el respaldo parlamentario para ello, como por la negativa de la UE a acceder a sus demandas. El segundo, es unificar al país. El recién formado gabinete no ha hecho más que aumentar las divisiones. Theresa May, su antecesora, buscó un balance entra las corrientes del Partido Conservador. Lo primero que hizo  Johnson fue purgar el ala moderada del partido dando de baja a 17 ministros de la era May. El tercer objetivo es derrotar de Jeremy Corbyn, el líder del opositor Partido Laborista.

Johnson tiene menos de cien días, hasta el 31 de octubre, para despejar las enormes incertidumbres que agobian a los británicos. Su mandato no puede ser más frágil. Fue electo por apenas 95 mil miembros de su partido. En el Parlamento cuenta con una exigua mayoría de dos parlamentarios. Más de 50 de sus correligionarios se han proclamado contrarios a su política de abandono de la UE. Así, podría convertirse en “Johnson el breve”, uno de los gobernantes ingleses de menor duración.

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