La hora minimalista

Por Hugo Tagle
  • Sacerdote y columnista. Twitter: @hugotagle

Me tuve que cambiar de casa y caí en la cuenta de cuántas cosas que no ocupé casi nunca. Una buena oportunidad para tirar los excesos y hacer una selección de lo que sobra. A medida que envejecemos, tendemos a ser más “cachureros”, a llenarnos de cosas innecesarias. Cuenta una anécdota que Sócrates, caminando por el mercado, exclamó: “¡Cuantas cosas que no necesito!”. Aunque algunos hacen la experiencia contraria. Me decía un amigo: “Haz la experiencia de entrar a un mall chino, y te darás cuenta de la cantidad de cosas que ¡sí necesitas!”. Hay gente muy creativa que ha diseñado artilugios para las cosas más insólitas. Hay que agradecerlas. Pero, seamos honestos: tendemos a llenarnos de cosas en exceso.

Se le llama síndrome de Diógenes a esa acumulación enfermiza de cosas. Afecta, por lo general, a personas de avanzada edad. Pero también a jóvenes. La verdad, el buen Diógenes predicaba justamente lo contrario: portaba consigo lo estrictamente necesario. En ese sentido, coincide con la conciencia de las personas que creen que todo lo que almacenan o guardan es o será necesario en algún momento.

Se han viralizado varias charlas de Marie Kondo, estilista que predica un minimalismo en la ropa, vida y orden. Abunda la literatura sobre el “vivir simple”. Una buena tendencia. El desapego a las cosas materiales libera, engrandece, dignifica.

Haga el ejercicio de ordenar y tirar lo que le sobre. Entre las peticiones del Padre Nuestro se encuentra la de pedir “el pan nuestro de cada día”. Jesús es muy sabio. No pedimos para acumular, para retener. Sólo lo necesario. El exceso, viene a ser de otro. “Lo que sobra en la mesa del rico, pertenece a los pobres” dice una lapidaria frase de un padre de la Iglesia.

Aprendamos a desprendernos y valorar cosas mucho más importantes como el crecimiento espiritual, la familia, los amigos, las relaciones personales.

“Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco”, dice el gran San Francisco de Asís.

Cuenta una buena historia que un turista fue a una ciudad de oriente a visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno únicamente de libros. Sólo una cama, una mesa y un banco. ¿Dónde están sus muebles? -preguntó el turista. ¿Y dónde están los suyos…? -respondió rápidamente el sabio. ¿Los míos? -se sorprendió el turista ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! – Yo también… replicó el sabio. La vida en la tierra es corta. Sin embargo, algunos viven acaparando como si fueran a quedarse aquí eternamente.

El papa Francisco ha repetido varias veces que nunca ha visto un funeral con un camión de la mudanza en el cortejo. En efecto, para el otro lado nos vamos sin nada.

Sea desprendido. Eduque para el desapego y generosidad. Y lo que tiene, agradézcalo y úselo bien.

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