La sorpresa argentina

Por Raúl Sohr

* Analista internacional

Clásico humor negro porteño: Mauricio Macri se pasó los últimos tres años y medio culpando al gobierno anterior. Ahora, cuando sufre una derrota contundente en las primarias, acusa al próximo gobierno. Los comicios confirman que aún rige la consigna que reza: “El peronismo unido jamás será vencido”.

Cristina Fernández, líder del mayor núcleo del justicialismo, mostró su habilidad política. Propuso que Alberto Fernández, un peronista de centro, asumiera la candidatura a la presidencia con ella como vicepresidenta con un bajo perfil. Cristina sabe que es una figura divisiva. Ella y Néstor, su fallecido marido que la precedió en la presidencia, cultivaron la polarización. Parecieron guiados por el lema “están con nosotros o están en nuestra contra”. Con el tiempo, esta postura derivó en lo que en la Argentina llaman la “grieta”, que alude a la profunda división política entre el kirchnerismo y otros.

En Estados Unidos se popularizó la expresión “es la economía, estúpido”, para significar la gravitación del bolsillo de los electores. Argentina no escapó a esta ley de hierro. Macri, al llegar a la Casa Rosada, pidió que lo juzgaran por su capacidad para reducir la pobreza y la inflación. Las dos son más altas y los argentinos no hicieron más que acatar su pedido.

La deuda externa es un capítulo aparte: en enero de 2006, el entonces presidente Néstor Kirchner canceló en un solo pago lo que la Argentina adeudaba al Fondo Monetario Internacional (FMI), algo más de 9.800 millones de dólares. Fue una medida celebrada como una gesta nacional destinada a terminar con “las intromisiones y exigencias” que imponía el ente financiero. Macri, en mayo del 2018, anunció que recurría al FMI y solicitó un mega préstamo por 57 mil millones DE dólares, el más grande concedido por el Fondo. Fue, en realidad, el abrazo del oso. La memoría de los argentinos sobre las "medicinas" económicas del FMI es nefasta. Hoy la Argentina es el país más endeudado de la región. Su deuda pública alcanzó el 77,4 por ciento del producto interno bruto a mediados del 2018, en tanto que en 2015 era del 53,3 por ciento.

El impacto de la victoria peronista no sólo sacude a la Argentina, sino que reverbera en toda la región. Ninguna carrera está ganada hasta que se ha llegado a la meta. Habrá que esperar la primera vuelta en octubre. Pero, si como se anticipa, es confirmado el triunfo de los justicialistas, cambiará la faz de Sudamérica. Marcará el fin del consenso político derechista de los grandes países de la región. Ello puede complicar los intentos de construir una nueva arquitectura de relaciones expresada en el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur). También puede complicar las negociaciones de un tratado de libre comercio con la Unión Europea.

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