Columna de Raúl Sohr: Nuestra casa arde

Por Raúl Sohr

* Analista internacional

“Emergencia climática y ambiental” en la Unión Europea (UE). Así definió el Parlamento Europeo la realidad que vive el viejo continente. En un voto -429 a favor y 225 en contra- la eurocámara urgió a sus 28 países miembros a “luchar y contener esta amenaza antes de que sea demasiado tarde”. En concreto, pide a los estados reducir a cero sus emisiones de gases de efecto invernadero para el 2050.

El voto es simbólico, en tanto no propone medidas concretas y vinculantes. Es, ante todo, un llamado de atención a días del comienzo de la gran reunión ambiental de Naciones Unidas, la COP 25, que tendrá lugar en Madrid. Hoy queda claro, dicho sea de pasada, cuán lúcida fue la decisión de cancelar la realización del evento en Santiago. La alemana Ursula von Leyen, la nueva presidenta de la Comisión Europea, señaló está semana que la crisis climática es “una amenaza existencial” para la humanidad. A su juicio, la UE debe liderar la lucha contra el peligro del calentamiento global.

Después de décadas de advertencia, crece el número de científicos que creen que ya es demasiado tarde. Una serie de estudios apuntan a que el planeta ya alcanzó un punto de inflexión. Esto es cuando una serie de factores produce una retroalimentación positiva. Cada cual nutre al siguiente, configurando una avalancha irreversible.

Un ejemplo de retroalimentación positiva es la pérdida de las grandes capas de hielo. El Ártico, Groenlandia, la Antártica y glaciares pierden superficie. Los hielos reflectan alrededor de 80% de los rayos solares. En tanto que la vegetación, del orden de 20%. A este fenómeno se le llama albedo, el promedio para el planeta es 30%. Al derretirse los hielos, la radiación solar penetra en las aguas oceánicas y eleva su temperatura, lo que acelera aún más la desaparición de los hielos. El calentamiento en la región ártica afecta la capa de permafrost (permahielo), que libera grandes cantidades de dióxido de carbono y metano. Estos gases, a su vez, agudizan el efecto de invernadero que genera más temperaturas.

La selva amazónica es determinante para al clima de la Tierra. Allí se observa que, desde 1990, perdió 17% de superficie. Según algunas estimaciones, ya con la destrucción de 20% de su tamaño original podría alcanzar el punto de inflexión, el momento en que comienza su destrucción masiva.

La presión ejercida sobre el planeta es de proporciones que escapan a cualquier gobierno. Sólo una acción concertada puede contener el impacto de la destrucción ambiental. Pero hasta ahora no se aprecia una voluntad política, por parte del grueso de los estados, por deponer sus intereses nacionales. Ello llevó a un parlamentario europeo a proclamar que “nuestra casa está en llamas”.

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