Columna de TV: "En su propia trampa": Viviendo en el borde

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Canal 13

Por Marcelo Ibáñez

El “Tío Emilio” es una especie de superhéroe. Un justiciero que actúa ahí, donde los tribunales chilenos parecen ejercer sus obligaciones con una liviandad que indigna a cualquiera. Tomando decisiones que insultan el sentido común, mientras dejan escapar a todo tipo de abusadores.

Uno de los peores ejemplos se vio esta semana, en el debut de su tercera temporada. En dicho capítulo vimos a un tipo -Jorge Bórquez- estafar, golpear, intentar acuchillar y amenazar de muerte, a una de sus ex parejas. Y a pesar de ello, fuimos testigos de como los tribunales decidían levantar las medidas cautelares que protegían a la víctima, solo porque el culpable pidió disculpas públicas. Lo más increíble de todo es que a la jueza no le bastó con tomar tan cuestionable decisión, sino que además se atrevió a catalogarlas como “bastantes sinceras”. Así las cosas, los índices de femicidios y abuso de género en nuestro país, no deberían sorprender a nadie.

Si en Ciudad Gótica funcionara la justicia, no habría espacio para que existiera un Batman televisivo como el “Tío Emilio”. Un show man con escudo periodístico, que convierta la revancha en un espectáculo humorístico. Porque donde no hay justicia, solo queda espacio para la venganza aunque esta se dé en el espacio simbólico de un relato televisivo impecable. Porque en estrictos términos conceptuales, “En su Propia Trampa” es un gran show, un programa con un inmenso sentido del espectáculo, aún cuando este se desarrolle a costa de banalizar fenómenos tan terribles como el abuso de género.

Es en esa venganza simbólica, que se aplica a través de ridiculizar al victimario, que el programa alcanza el clímax. El momento en que el culpable, del cual desconocemos todo más allá de sus actos en un tema en particular, se ve enfrentado a un juicio humano donde las cámaras escondidas, el Tío Emilio y las víctimas lo encaran, develando la verdad.

Es en ese desenlace dramático donde reside todo el triunfo y la debilidad de “En Su Propia Trampa”. Un momento culmine en el relato que hace al show tan exitoso en términos de rating y tan cuestionable en términos valóricos: finalmente el tema de fondo se torna de una levedad insostenible y las víctimas -junto a toda la sociedad que representan- quedan huérfanas ante la falta de su justicia. En su lugar, deben conformarse con un simulacro televisivo adictivo y tan insano, tanto como ver a una diputada y una Ministra del Sernam prestándose al juego de disfrazar este espectáculo con los ropajes de la justicia y el periodismo de investigación.

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