Raúl Zurita: "Chile primero fue un poema y mucho después fue una nación"

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El autor de “Anteparaíso”, “Purgatorio” y “Canto a su amor desaparecido” pone en la poesía toda la esperanza para Chile: por su capacidad para interpretar el dolor y su poder para conducir los sueños.

Raúl Zurita se reencontró hace poco con parte de su propia vida guardada en una caja: eran cientos de sus propios poemas, vendidos en tiempos de necesidad a un coleccionista, y que ahora relee con asombro y en un momento muy distinto de su existencia. Consagrado como poeta mayor (aunque le cueste reconocerse en “la patota”, como dice, de Neruda, Mistral, De Rokha y Parra), sigue escribiendo incesantemente, y ni los temblores del Parkinson son capaces de quitarle fuerza a sus versos o determinación a sus palabras.

Nos recibe una mañana de septiembre en el patio de su casa del barrio Pedro de Valdivia Norte. La terraza está soleada pero no ha dejado irse al frío del invierno. En esos días se celebra el centenario de Parra, una fiesta que Zurita encuentra fantástica pero incompleta: “Uno hubiera querido que eso se hubiera transformado en algo concreto, en revistas literarias, en una beca Nicanor Parra… ¡porque cómo es posible que Chile tenga dos premios Nobel y el Estado no tenga ni siquiera una revista literaria! La deuda que tiene todavía la República con los poetas es enorme”.

¿Por qué el Estado debiera generar ese apoyo?
Porque Chile nació de un poema. La historia de Chile es inseparable de la historia de su poesía. Chile primero fue un poema y mucho después fue una nación: con Alonso de Ercilla Chile se fundó en base a la poesía, entonces es la voz más profunda del pueblo de Chile. Nombres como Gabriela Mistral, como Pablo Neruda, como Pablo de Rokha, como Gonzalo Rojas, como Nicanor Parra han conformado lo que somos, han conformado nuestra identidad, y no siempre hemos estado a la altura de eso.

¿Todos nosotros?
El estado de Chile, la institucionalidad de Chile. Por eso yo entiendo la celebración de los 100 años de Parra como una conmemoración a toda la poesía chilena, la poesía desde Ercilla.

¿Cuál es el retrato de Chile que han hecho sus poetas?
A través de Neruda, la Mistral, de Rokha y Parra están retratadas todas las pesadillas, todas la desilusiones, todas las esperanzas, todos los sueños de Chile. Nunca un poeta va ir más lejos que los sueños, las pesadillas o la esperanza del pueblo al cual pertenece, son la expresión de esos pueblos, de esas comunidades… Tal como se dice que el Estado le entrega a la fuerzas Armadas la exclusividad de manejar armas para que lo defienda (cosa que ha demostrado que ha sido más para atacarlo que para defenderlo), el Estado deposita en sus artistas al ejercicio extremo de la libertad.

¿En qué se manifiesta eso?
Por ponértelo en términos brutales, en el arte tú puedes acostarte con tu mamá, ¿me entiendes?, en la vida no… Entonces es dar las herramientas básicas, el apoyo básico para que esa libertad es la que tiene que asumir el artista, el poeta, sea expresada en toda su magnitud, para que efectivamente esos sueños, esas esperanzas, esas pesadillas, esos terrores, se expresan… Si el año 2000 hubiéramos leído a los poetas jóvenes de esos días con detenimiento, nada de lo que ha pasado en Chile, nada –ni las barras bravas, ni los encapuchados, ni el movimiento estudiantil– nada habría sido sorprendente, estaba todo registrado.

¿Más de 10 años antes?
Así es… son antenas que detectan los grandes movimientos subterráneos, como los sismógrafos.
¿Cómo te emparentas con esos grandes nombres de la poesía chilena?
Es tan difícil hablar de eso… Creo que en un momento terrible me tocó mantener la continuidad de la gran poesía chilena… pero quizás es una presunción…

¿Eso con “Anteparaíso” y con “Purgatorio”, sobre todo?
Sí y con “Canto a su amor desaparecido”.

¿Por qué sientes que te tocó esa responsabilidad? ¿No había nadie que la estuviera tomando?
No había nadie. En ese momento ni la portentosidad del lenguaje de Neruda, ni el humor ni la ironía de la antipoesía de Nicanor Parra servían para dar cuenta del quiebre psicológico, mental, moral, social, el quiebre absoluto que significó el golpe de Estado en Chile. Había que empezar a hablar de nuevo, aprender a hablar de nuevo, ninguno de los grandes modelos servían. Esa fue la lucha de la poesía chilena de este tiempo. Fue la lucha por los significados: la palabra patria, la palabra cordillera, la palabra país, la palabra nación, ¿qué significaban? ¿Significaban lo que querían imponer los militares? ¿O eran los que construyó la poesía chilena, incluyendo a Víctor Jara, incluyendo a la Violeta Parra, incluyendo a Patricio Manns? Yo creo que finalmente la derrota del fascismo fue absoluta, fue porque no pudieron ganar la batalla de los significados, porque fue mucho más fuerte, finalmente, el último gran poema de Salvador Allende que los chillidos de Pinochet… Esa batalla no la pudieron ganar, la tenían perdida absolutamente de antemano…

¿La tenían perdida de antemano? Porque uno -también podría decir estuvieron a punto de ganarla…
Estuvieron a punto de ganarla, pero si uno compara el último discurso de -Allende con los bandos militares y con las grabaciones, se da cuenta que eso era terrible, era feroz, pero no iba a ser para siempre…

Siga leyendo la entrevista completa que Paulo Ramírez le hizo a Raúl Zurita en el papel digital de la revista en Acción, en www.hogardecristo.cl

 

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