Pablo Simonetti: "Una novela siempre es más persuasiva que un eslogan"

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En octubre último Pablo Simonetti puso a disposición del mercado editorial su última creación literaria, “Jardín”. La novela se inserta en el complejo mundo de las relaciones al interior de una familia como tantas otras, aunque en este caso con una madre viuda cuya existencia habita esencialmente en una superficie de tierra que ella ha cuidado con especial esmero, el lugar donde ha criado sus plantas y las ha visto crecer prácticamente en sus manos puestas al servicio de azaleas, camelias y otras especies.
¿Cómo fue que la llegada de una inmobiliaria al barrio, amenazó el jardín de Luisa y llegó a condicionar su vida y su relación con sus hijos? En la novela que Simonetti define como de autoficción está el resultado de esta experiencia.
“La maravilla es que ella logró construir un espacio propio a pesar de todo, tuvo al menos ese jardín, ese espacio para trabajar en lo que a ella amaba y le interesaba, a pesar de haber vivido en un orden patriarcal en el que se supone que ella debía postergarse”, es lo primero que comenta Pablo sobre su historia familiar.

Es evidente que tu mamá, Luisa, siempre se puso en segundo plano para salvar a la familia de distintas adversidades…
-Sí, (bajo) esa idea de querer estar siempre arreglando las situaciones y las dificultades, como ser el fuelle de los conflictos familiares, pero así y todo fue una mujer, una coleccionista de plantas eximias con este maravilloso jardín…

Llaman la atención las ilustraciones de distintas especies en cada inicio de capítulo de “Jardín”…
-La del inicio de la novela es una camelia rosada de mi madre… Hay una camelia de mi mamá que está en el jardín de la playa.

¿Cuántos árboles tienes de ella en tu casa de la playa?
-Hay una azalea que heredé de ella, que es la única que queda, las otras murieron.

La flor que ilustra el inicio del relato… ¿Qué significado tiene?
-La tengo en Zapallar, en mi jardín, fuera de mi dormitorio. Abro una ventana y la veo. Y florece desde junio hasta septiembre, es como tener la compañía de mi madre.

Y seguro es una de sus plantas más queridas…
-Claro, además está criada con un sólo tronco. Ella fue educándola para que creciera en un solo tronco.

Y eso qué significaba, ¿la rectitud de tu madre?
-Su pasión por las plantas, ella siempre estaba pensando en este tipo de cosas, en la belleza de las plantas, en cómo se vería una camelia. Mi madre hacía muchas cosas de jardines, escribía libros…

¿Eso lo hacía por ella? A través del libro es evidente que hacía muchas cosas por ustedes, sus hijos…
-Entiendo que lo hacía para ella. Hay que hacer una diferencia entre mi madre y Luisa porque ésta es una novela de autoficción. La ficción es mitad autobiografía, mitad ficción. La biografía es el conflicto que vivimos como familia, que nuestra madre viuda vivía en una casa con un bello jardín.

Y es real que uno de tus hermanos es tan (agresivo) contigo?
-Ahí empieza la ficción. Somos 5 hermanos, no tres. Y no hay ninguno que tenga la personalidad de Franco, esa personalidad como de estar siempre en movimiento, esa personalidad que desplaza energía.

¿Seductor?
-No, es de esas personas que te tocan, te hablan, que son muy expresivos, elocuentes, que es como pasar a un tono más, pero un hombre de una personalidad extrovertida, de un carácter dominante, muy italiano.

Tú renunciaste a la nacionalidad italiana…
– No, nunca terminé de renunciar a la familia… Hubo un momento en que dije “no quiero tener nada más que ver con esta familia”, fue un instante de mucha rabia.

Porque necesitabas, por sanidad mental, desvincularte un poco…
-Claro. Pero con el tiempo uno se da cuenta que eso no es una posibilidad alcanzable y que el recuerdo de tu infancia, tus padres, hermanos es un lugar emocional, síquico, un lugar de la memoria que no es algo (a lo que uno pueda renunciar). Entonces lo que hace Juan es decir “regreso a este lugar acarreando todo mi resentimiento, pero todos los días trato de demostrarles a mis hermanos el valor de mi ciudadanía, de que a pesar de que ellos hayan sentido en un minuto que no tenía valor para ellos, les voy a demostrar que sí lo tengo.

Esa parte de la novela, ¿es realidad o ficción?
-No, lo que pasa es que la relación de los hermanos para que se pueda comprender… tuve dos cosas en vista cuando escribí “Jardín”. Uno poder encausar los discursos dominantes que existieron al momento de la venta de la casa y personificarlos. Los hermanos personifican una posición y un discurso respecto de la venta. Está Franco que piensa que es lo más conveniente, Fabiola que piensa que es una oportunidad para vivir una nueva vida, para no seguir apegada al recuerdo del padre, y Juan, el único que se da cuenta que ella está perdiendo algo esencial en su vida, su jardín. Estos tres puntos de vista entre mis hermanos estuvieron mezclados, incluso conmigo. Por momentos éramos Franco, Fabiola y Juan.

¿Cuál es el feedback que has tenido de la publicación de parte de los lectores?
– La gente se conecta con la situación y los personajes y muy particularmente con sus propias historias familiares. Hacen relaciones. Hay personas que lo hacen a propósito de una pérdida de alguna persona querida de un lugar muy amado, como es el caso de Luisa. Otras se han conectado con el tema entre los hermanos y eso los ha conmovido particularmente. He tenido feedback de personas que se han sentido en la posición de Fabiola (su hermana) y que mirado ahora con la perspectiva de la novela comprenden que es un acto de soberbia creer que uno le puede decir a una persona mayor qué es lo que tiene que hacer en la vida, pensar que por ser más joven tiene mejores soluciones para la vida de una persona ya anciana.

Por muchos niveles también de expectativas…
-Por muchos niveles de expectativas. Y la gente mayor, muchas personas lo único que quieren es que las dejen tranquilas con su nostalgia, sus recuerdos, con su lugar. Un lugar que les ha costado, de repente, cuarenta o cincuenta años cultivar o crear. Y se sienten muy cómodos ahí. Por ejemplo, a los enfermos de alzhéimer, que no es el caso de la novela, pero a ellos una de las cosas que recomiendan a los familiares es que no los saquen del lugar donde siempre han vivido, porque por lo menos las referencias físicas, olfativas, lumínicas, todas les ayudan a permanecer más tiempo dentro de su realidad. Creo que eso no solamente debería aplicarse a los enfermos de alzhéimer, también a la mayoría de los ancianos. Muchas veces los hijos sienten que tienen que decir más de la vida de sus padres que los padres, que han tenido su propia vida y han aprendido a tomar sus propias decisiones y estas decisiones quizá son las más importantes de sus últimos años y deberían tener la libertad de tomarlas con tranquilidad. Sobre todo las mujeres porque creo que están más amenazadas las mujeres de esa generación que los hombres porque los hombres siempre estuvieron acostumbrados a tomar sus propias decisiones.

Por el machismo…
-Claro, por la sociedad patriarcal. Por ejemplo la madre sola, es distinto. Porque él tuvo la administración de los bienes y todo, en cambio aquí queda la madre sola y la administración pasó del padre al hijo mayor y ella está en una situación, supuestamente, de vulnerabilidad secundaria respecto de las decisiones de poder, eso también creo que está representado en la novela y hay personas que han hecho esa lectura. Esta novela es la crónica del abuso que ha existido sobre la mujer dentro de la sociedad patriarcal.

Histórico y aún presente…
-Totalmente presente, Chile sigue siendo un país machista.

Y discriminador en muchos sentidos
– Y homofóbico, xenófobo. Pero ha cambiado y yo soy optimista. Por eso escribo mis novelas, siento que uno puede hacer una contribución a la idea que tiene la sociedad de la diferencia y la diversidad. Mis novelas se tratan de la identidad, se podría decir el ciclo de la identidad, de personas que están en alguna dimensión de conflicto con la identidad. Aquí Luisa en esta dimensión de conflicto con su jardín que la constituye como persona. Y uno al escribirla, creo que toca conciencia y esa conciencia al final también termina de cambiar los discursos y las políticas públicas. Y hoy los discursos (…) creo que estamos en un país mucho más consciente de la diversidad de lo que estaba cinco años atrás. Y está trabajando por eso y sus instituciones están tratando de moverse en ese sentido, incluyendo a los pueblos originarios, la diversidad sexual, la mujer y todos los grupos históricamente discriminados.

Iguales: “Mi contribución mayor a la diversidad fue crear la fundación”

Dices que eres optimista, que sientes que Chile transita por un camino que se alejará de la discriminación…
-Siento que ya se prendió la mecha y sencillamente hay que esperar que esto termine de consolidarse en términos de políticas públicas y de representación ciudadana, pero no me cabe ninguna duda de que es un camino sin retorno, que ya no vamos a seguir viéndonos a nosotros mismos como un país uniforme, una raza común, un país dominado por los hombres. Todo esos discursos están filosóficamente obsoletos, por lo tanto va a perder arraigo en la comunidad y va a ir desapareciendo.

Desde tu tribuna y rol en Iguales, ¿cuánto sientes que has contribuido a la causa de la diversidad sexual?
-Por una parte creo que he contribuido con la fundación y quizá la mayor contribución fue haber creado la fundación, creado una institución que vaya a seguir trabajando por muchos años en favor de la diversidad, eso es. Pero a nivel personal, aparte de Iguales mi mayor contribución ha sido a través de mis novelas, porque encuentro que en ellas siempre se han rescatado las dimensiones más libertarias de las personas respecto de su identidad.Y una novela siempre es más persuasiva que un eslogan.

¿Y más honesta también?
-Uno escribe una novela desde una grieta, desde una pérdida, un desgarro, un desajuste con la realidad. Así somos los escritores. Y es algo que se vuelve imperioso, siempre estamos escribiendo desde ahí. Y no es que estemos escribiendo eslóganes, por eso que las novelas al final son más persuasivas, porque prácticamente equivalen a una experiencia de vida, una experiencia real. Se compenetran, permean tu conciencia. Ese tipo de contribución creo que ha sido mayor y a propósito de esa contribución es que llegué a crear Iguales, sin la literatura Iguales no existiría.

Carolina Ceballos

 

 

 

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