La histórica atracción de la Academia por los papeles de discapacitados

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El Miami de fines de los años setenta y cómo la droga se apoderó de esta ciudad son la base de "Dueños del paraíso", la co-producción entre Telemundo y la red estatal. Canal que la estrenará esta noche a las 22.15 horas. Original de Pablo Illanes, marca el debut internacional del reconocido guionista, quien en la actualidad vive en Nueva York.

¿Cómo ha sido la experiencia de debutar trabajando para la cadena Telemundo con "Dueños del paraíso"?
-Es como pasar del colegio a la universidad, y la verdad es que ha sido bien difícil, es un trabajo muy elevado, principalmente porque volví a trabajar solo, ya no en equipo, y el hecho de ser una serie te pide un tono distinto. Además, no es una historia de triángulos amorosos y es más compleja en términos psicológicos y narrativos. Sin embargo, he estado muy contento y me he sentido bastante libre... ha sido un gran aprendizaje y me parece que hacer coproducción es muy buen mecanismo para apoyar la industria de ficción nacional.

¿Por qué crees que "Dueños del paraíso" podría enganchar en Chile?
-Yo creo que hay varias razones, independiente de lo que se ve, que es la presencia de Jorge (Zabaleta), Tiago (Correa) y la Mane (Swett). Creo que últimamente, desde hace dos años más menos, los contenidos están siendo más universales, hay mucho menos contenido micro, muchos menos descripción del entorno, las historias están concentradas más en una apertura que en un cierre, y la mejor demostración son las telenovelas turcas, que aparentemente no tienen nada que ver con el público chileno y arrasan.

¿Qué piensas que pasó con el público chileno?
-Yo creo que se perdió esa necesidad del público de identificarse con cosas como la idiosincrasia o mostrar Chile, ya sea por culpa del cable y otras influencias que no tienen que ver con nuestra industria. Ahora el público demanda una identificación más profunda y psicológica con los personajes; y, en términos más concretos, "Dueños del paraíso" es la historia de un chileno, Conrado (Jorge Zabaleta), con las virtudes y defectos de un chileno. La idea era buscar a un chileno que cruzara todas las clases sociales y todos los momentos históricos... y, además, yo sigo creyendo en las buenas historias y ésta es una buena historia.

Hoy las teleseries locales pasan por una gran crisis, en TVN y Canal 13, tras los malos resultados de "Caleta del sol" y "Valió la pena", ¿qué crees que sucedió ahí?
-Se dieron varias coyunturas. Primero, el rating de "Pituca sin lucas", que no se veía hace varios años a esa hora, que supuestamente era por el Transantiago y todas esas teorías de ejecutivos de TV que ahora sabemos que son falsas, ya que claramente son las historias las que mandan. "Pituca sin lucas" es una historia sencilla y es fácil de seguir. Y al ser tres en competencia, alguien iba a quedar en el camino. Además, tal vez se buscaron algunas fórmulas que resultaron en el pasado, como en el caso de "Caleta del sol", y de "Valió la pena", vi el primer capítulo y ahí hubo una edición muy poco acertada de parte de alguien.

Rodrigo Bastidas, guionista de "Pituca sin lucas", dijo que fue un error de los canales sacaran sus teleseries de la franja de las 20 horas...
-No sé si es un error, yo no lo hubiera hecho, en especial en el caso de TVN, que tenía una tradición en ese horario, pero yo no soy ejecutivo de televisión. Yo me manejo con las historias y emociones y yo defendería en pantalla a una teleserie aunque tuviera 1 punto, porque son ochenta mil personas que están viendo tu teleserie. Yo creo en lo que dicen los actores, la función se hace con un espectador o con un lleno total.

Tus compañeros han criticado que la gente que toma decisiones sobre teleseries en los canales, no sabe del formato. ¿Cuál es tu visión al respecto?
-Eso mismo me llama mucho la atención, de la gente que trabaja en televisión y en áreas dramáticas, son contados con los dedos de una mano los que han hecho teleseries, los que ven teleseries o los que les gustan las teleseries, la gran mayoría reconoce que no es público de teleseries y reconoce no entender nada de las teleseries tampoco, y eso me parece que no está bien. La pasión por el género también determina tu visión sobre el formato y el nivel de programación y de contenidos por supuesto. La industria ha cambiado mucho, hubo un tiempo en que había confianza con el autor, y creo que eso se perdió. La única que creo que sigue respetándolo es la Quena (Rencoret), y a mí me parece que el más capacitado para decir si una historia es buena o mala es el propio autor.

¿Y eso pasa poco ahora?
-Sí, hoy opina todo el mundo de todo. O sea, la colaboración nunca está mal, pero complica cuando hay muchas opiniones y hay que dejar contentos a todos.

Y en medio de esto, aparece gente no capacitada para dominar estos temas...
-A mí no me ha tocado trabajar con ese tipo de gente, porque no he estado en el foco de Canal 13 particularmente. Sí encuentro que poner "El sultán" a las diez de la noche es un error, y sumarse a la ola de telenovelas turcas no sé si es la forma de programación que a mí me gustaría ver en una industria más madura y desarrollada. Yo no puedo apoyar una telenovela turca porque tengo que apoyar la producción nacional, y la voy a apoyar siempre, porque es mi trabajo y a eso me dedico.

De hecho, con "Dueños del paraíso" te tocará competir con puras turcas...
-Si alguien me hubiera dicho hace dos años que iba a competir sólo con teleseries turcas, hubiera dicho "esto no va a ocurrir", pero, bueno, he visto muy poco las turcas, no sé para dónde van ni qué son específicamente, he visto los apoyos y he escuchado las críticas de algunos compañeros que dicen que son convencionales, y me sumo. Creo que están súper bien producidas y muy bien dirigidas, pero en términos de historia no siento que sean un gran aporte. Yo creo que es una moda, y nunca habíamos sido testigos de algo así.

¿Quieres que se acabe esta moda?
-Me gustaría que se acabara hoy día, antes del estreno de "Dueños del paraíso" (ríe), pero también da cuenta de una necesidad del público. Yo lo que puedo pensar es que al público le está importando la visualidad de los productos, tal vez por influencia del cable, entonces le están pidiendo a la teleserie que se dirija o produzca de una manera distinta, que es lo que tienen las telenovelas turcas. El nivel de ellos está a años luz de lo nuestro, eso hay que reconocerlo.

Nicolás Figueroa

 

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  • Julianne Moore y Eddie Redmayne parten con grandes opciones de alzarse con el Óscar gracias a sus papeles de discapacitados en “Still Alice” y “The Theory of Everything”, respectivamente, una fórmula que históricamente ha atraído el voto de los académicos.

    Moore es la favorita absoluta para alzarse con la estatuilla gracias a un personaje que sufre los devastadores efectos del Alzheimer, mientras que Redmayne podría llevarse al gato al agua por interpretar a Stephen Hawking, el célebre astrofísico británico que vive postrado en una silla de ruedas y sin posibilidad de hablar a causa de una esclerosis lateral amiotrófica.

    Aunque Michael Keaton (“Birdman”) es quien lidera las apuestas en esa categoría, Redmayne tiene a su favor el hecho de encarnar a una figura real, el otro gran factor que tradicionalmente más se valora en la Academia, como lo demuestran los triunfos recientes de Matthew McConaughey (“Dallas Buyers Club”), Daniel Day-Lewis (“Lincoln”) o Colin Firth (“The King’s Speech”).

    Los Óscar han reconocido a personajes con discapacidades o enfermedades mentales tan memorables como el del propio Day-Lewis en “My Left Foot” (1989), donde encarnaba al pintor y escritor irlandés Christy Brown, aquejado de parálisis cerebral, o el de Holly Hunter en “The Piano” (1993), encarnando a una pianista muda que debe contraer matrimonio con un terrateniente en la Nueva Zelanda de mediados del siglo XIX.

    También fueron la razón por la que finalmente Al Pacino salió victorioso tras siete nominaciones sin éxito, en su caso, por dar vida al coronel ciego Frank Slade en “Scent of a Woman” (1992), o por la que Dustin Hoffman se anotó su segunda estatuilla dorada, gracias al autista de inteligencia privilegiada en “Rain Man” (1988).

    Tom Hanks, un experto en estas lides, hizo doblete consecutivo por interpretar a un abogado afectado por el virus del sida en “Philadelphia” (1994) y a un tipo entrañable, aunque con bajo coeficiente intelectual, que lograba en “Forrest Gump” (1995) estar presente en numerosos momentos decisivos de la sociedad estadounidense.

    Otros casos recientes son los de Jamie Foxx, por personificar al artista ciego Ray Charles en “Ray” (2004), o el del propio McConaughey el año pasado, que se coronó con el papel de Ron Woodroof, un “cowboy” drogadicto que lucha por dar esquinazo a la muerte una vez que los médicos le diagnostican que ha contraído el virus del sida.

    Echando la mirada atrás se encuentran otros ejemplos notables como los de Marlee Matlin, por “Children of a Lesser God” (1986); Jon Voight, por “Coming Home” (1978); Patty Duke, por “The Miracle Worker” (1962); Joanne Woodward, por “The Three Faces of Eve” (1957); o Harold Russell, por “The Best Years of Our Lives” (1946).

    Los casos de Matlin y Russell son especialmente particulares. Matlin, una joven sorda de 21 años, ganó el Óscar a la mejor actriz por encarnar a una estudiante con el mismo impedimento auditivo que inicia una relación sentimental con un logopeda.

    Por su parte, Russell, un veterano de guerra, hizo historia al convertirse en el primer actor no profesional y la primera persona discapacitada -perdió las manos durante unas pruebas con el Ejército y las sustituyó por garfios- en llevarse el Óscar.

    Asimismo, Voight se lo llevó por el papel de un veterano de Vietnam parapléjico, víctima de una lesión de médula espinal, que encuentra el amor en una mujer (Jane Fonda) cuyo marido sigue luchando en la guerra.

    Duke hizo el más difícil todavía con un papel de ciega y sordomuda, en tanto que el personaje de Woodward sufría de trastorno de personalidad múltiple.

    Más casos de artistas reconocidos por este tipo de interpretaciones fueron los de Geoffrey Rush (“Shine”, 1996), Cliff Robertson (“Charly”, 1968) y Jayne Wyman (“Johnny Belinda”, 1948).

    EFE

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