Yann Yvin: "En mi cocina soy peor que en "MasterChef""

“A chuchadas o cariño, quiero que la gente se vaya de ‘MasterChef’ con algo más”, dice desde su reconocida honestidad el jurado más rudo del espacio culinario de Canal 13.

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“A chuchadas o cariño, quiero que la gente se vaya de ‘MasterChef’ con algo más”, dice desde su reconocida honestidad el jurado más rudo del espacio culinario de Canal 13.

¿Cómo viste la recepción de la gente a la segunda temporada de “MasterChef”?

-Llegué de Canadá hace un mes y empezamos a grabar al día siguiente. No viví la previa, pero se mostró el primer capítulo el domingo y tuve nuevamente esa sensación de que está todo el foco sobre el programa. El casting es totalmente distinto, eso hace que cada uno quiere reencontrarse con los personajes. Yo estoy muy feliz de tener la misma sensación, estrés, dolor de guata.

Esta partida fue distinta para ti porque en la primera temporada fuiste una de las revelaciones del programa…

– Eso dicen. La gente empezó a entender cómo soy desde adentro, si me enojo es por algo, no es por placer, si me molesta algo lo voy a decir. Lo que más quiero ver es cocineros de adentro, no quiero ver a nadie falso.

En el primer capítulo le dijiste a un participante, “hiciste más platos de los que te pedimos porque nos querías impresionar…”

-Sí, odio lo chupamedia, me carga. Si pido algo lo quiero, quiero ver gente honesta. Sé que no hay estudios (de cocina), no pido eso, pido que sean honestos con ellos y los productos que manejan, respetándolos. Eso es muy importante para mí. Cuando veo a alguien que me hace pedazos un trozo de carne o pescado, es una falta de respeto, ¡eso me emputece!

Se ve un casting muy diverso, con más personajes que la primera temporada…

– ¿Más? No tuve esa distancia de mirarlos así porque los veo con distancia de cocinero. Para mí son todos iguales, no veo a ninguno destacarse y en términos de personalidad, claro que tiene más acceso a la prensa Maylin porque tiene una historia distinta. Y a mí me hace muy bien hablar de ella porque a nivel social podemos debatir sobre otra cosa. Siempre digo que la cocina es un medio sociológico para hablar de otras cosas y lo que vemos hoy es que la gente se puede reinsertar, es una prueba más de que la cocina es más que ponerse algo en la boca.

Su caso es conmovedor. Fue evidente que te impactó, incluso le dijiste, “tu vida privada me importa un bledo…”

-Sí, ella está haciendo una limpieza de su imagen ante los demás, frente al país. ‘Cometí un error, lo estoy pagando. No digo que paren mi condena, la voy a terminar, pero salgo de esa cárcel, de ese error de otra manera’, con una visión de otro ángulo y quizás la cocina la va a ayudar a superar todo ese trauma de no ver crecer a su hijo. Tal vez vamos a tener a una mujer que ya es fuerte, una súper mujer fabricada a través de la cocina. Porque en el poco tiempo que está aquí levantó la cabeza. Cuando llegó venía mirando al piso, hoy mira a los ojos, viene a saludar. Antes no se acercaba.

¿Podrías menciomar tres situaciones que te hayan emputecido de este mes de programa?

– No respetar un producto. Si entrego una receta y no me la hacen bien, tampoco va a funcionar y cuando alguien se burla de una situación de un compañero. Es un reality, Ok, pero lo que hay adentro es muy serio, es la cocina y estamos tratando de sacar realmente lo mejor para que cada uno pueda surgir y crecer al menos en términos de la cocina y muchas veces en términos personales.

Esta temporada, ¿el nivel de los participantes es mejor?

-Un pelín mejor, parten de menos abajo o quizás vieron la primera temporada y saben cómo es el programa, pero no estoy tan seguro, se caen igual, con cosas muy básicas.

Las performances que vemos en TV, ¿qué tan tuyas son? ¿No es un personaje?

-No, si vas a mi cocina cuando estoy cocinando, soy peor. Es una versión suave lo que ven en TV. Para manejar el estrés de la cocina hay unos que gritan, otros que terminan y se van a emborrachar, otros que terminan con úlcera, cada uno se maneja. Yo funciono mucho con los chistes.

Y eres muy irónico…

– Sí. (Eso) me permite captar la tensión de mi cocinero porque esto es como una música, un chef de una orquesta tiene que sentir su música, los violines los tiene abajo, leváaaaantalos, bum, bum, bum. ¡Levántalos!, ¡bájalos!

Tiene que ser una melodía perfecta…

-Claro, la cocina es exactamente igual que una orquesta. Hasta los implementos en la cocina tienen nombre de instrumentos. Los fuegos se llaman piano, las ollas batería. Y el chef de la orquesta es mucho más gritón que yo.

Te ves rudo y severo, pero tienes una sensibilidad importante…

– Por eso digo que puedo gritar y llorar en el mismo minuto. De nervios, impotencia o simplemente porque me emocioné, porque la historia merece una lágrima. Voy a dejar correr mis sentimientos, no voy a llegar a mi casa con una úlcera.

Patentaste el “este plato es una mierda”, que hoy suena divertido…

– Sí. La verdad es que voy a tratar de nunca más decirlo, excepto si alguien me emputece, me va a salir de manera natural.

Alguna vez has cocinado eso y luego, al mirarlo, has dicho, “mi plato es una mierda”

– Totalmente, ningún cocinero nace con talento. Soy muy malo en lo dulce. Si me dicen que haga una torta de cumpleaños, el franchute ahí es más o menos…

Carolina Ceballos

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