Maylin, la concursante presa de "MasterChef": "Me daba miedo que me discriminaran"

La participante con reclusión nocturna habla de la historia con la que conmovió a la mesa de jueces del estelar culinario de Canal 13 cuya segunda temporada se estrenó la semana pasada.

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¿Cómo llegas a “MasterChef”?

– Un día que estaba cocinando en Gendarmería veo en las noticias el llamado a casting masivo. “Esta es la mía”, dije.

¿Cómo fue tu llegada a Santiago?

– Es diferente todo. En la cárcel me recibieron súper bien.

¿Cuando contaste que ibas a estar en el programa, ¿cuál fue la reacción en el penal?

-Súper bien, al principio todos bien tranquilos, pero ahora que salí en la tele todos me apoyan. El sicólogo de la cárcel de Vallenar me ayudó porque al principio no me pude inscribir, había que hacer un video. No podía hacerlo porque me tenía que encerrar (…) “Me alegro que pienses así, no estás loca”, me dijo. Y me apoyó desde un principio.

¿El proceso fue muy complejo?

– No, estaban todos motivados por el tema de la reinserción. No fue difícil, pero fueron meses de trámites.

¿Y en la cárcel?

– Cuando llegué no dije que venía a “MasterChef”. Supieron al otro día. A la única que le dije fue a una funcionaria que me fue a encerrar a la pieza. Me empezó a preguntar y le dije, “vengo a ‘MasteChef"”. “¿Tú eres?”, me contestó.

¿El estreno lo viste en el penal?

– Sí, con todas las internas. Me emocioné cuando salió la foto de mi hijo porque lo extraño mucho, lo necesito. Todas las chiquillas se emocionaron, lloraron. Y las de las otras piezas más grandes me gritaban, “buenaaa, te felicitamos”. Toda la cárcel, todas las niñas me apoyan.

¿Lo esperabas?

– No, nunca esperé que la gente me apoyara tanto. Pensé que me iban a rechazar por estar privada de libertad.

¿Te han rechazado mucho?

– Sí. Me costó mucho salir adelante. Cuando quería buscar un trabajo nadie me lo quería dar porque tenía que ir a dormir a la cárcel.

Pero eso no tiene nada que ver porque era en otro horario…

– Sí. Después llegó el dueño de los parquímetros de Vallenar y me dijo que me iba a dar trabajo. Estuve un mes. De ahí fui a un restaurant, pregunto y digo que tengo cartón de manipulación de alimentos y técnicas de cocina y repostería. Me dijo que fuera el lunes. Me fui y luego me devolví. Le dije, “tengo muchas ganas de trabajar, de salir adelante, pero estoy haciendo uso de un beneficio extrapenitenciario, tengo que estar a las 22:00 horas durmiendo porque estoy cumpliendo una condena de diez años. Me mira y me dice, “no me importa, me importa tu sinceridad y tus ganas de trabajar. Renuncia a los parquímetros y te contrato inmediatamente”.

¿Cuánto duraste ahí?

– Dos meses porque me llamó el sicólogo de la cárcel para decirme que me tenía que acercar a la oficina de Fosis porque fui beneficiada con un proyecto. Tenía que asistir cuatro meses a clases.Salía del negocio, me comía una empanada, iba a clases, me iba a la casa, era todo el día. Después empecé con una verdulería en la casa.

(…)
– Gracias a eso después fui a las ferias libres. Le compro a los pequeños agricultores de Vallenar sus verduras orgánicas y las vendo en la feria libre de Vallenar. Ahí empecé a salir adelante.

La noche que cambió su vida

¿Cómo llegaste a la cárcel?

– El 2009, un 16 de febrero. Mi hijo tenía cuatro meses. Salí. Llegué a las once, pero después me fui de nuevo a carretear. Ahí me invitaron unos niños a tomar. Éramos yo, otra niña y dos hombres. Hubo alcohol, drogas, todo. Eran las seis de la mañana y me fui a comprar una cerveza a una residencial. Cuando voy saliendo la niña con la que estaba va de la mano con un caballero. No la conocía, era primera vez que la veía. Pensé que se iba con él y cuando me voy estaba apuñalando al caballero y el otro niño le estaba sacando la mochila. Y al otro lado estaba otro niño. Me dice, “Maylin, esto se puso feo, esto va por otro camino, arranquemos”. Yo le digo, “¿cómo vamos a arrancar?, es tu polola, ¡separémoslos!” Nos metimos y el caballero empieza a gritar, “me están matando, ¡auxilio!”. Cuando empieza a gritar me doy cuenta que estaba la cagá. Salí corriendo a mi casa. Mi papá me decía, “cálmate” y yo, “nooo, quiero irme lejos, quiero irme lejos”. Cuando llega carabineros, abro la puerta y estaban todos ahí. Les digo, “tienen que decir la verdad porque yo no hice nada”.

El herido estaba grave?

– Tenía una puñalada en la yugular, a medio centímetro. Se salvó gracias a Dios. Nos llevaron a declarar y todos dijeron que yo estaba.

¿Que habías participado?

– Sí. Quería morirme. Nos dijeron prisión preventiva para los cuatro. Cuando llegué a la cárcel pensé, “si digo la verdad capaz que me hagan algo”. Porque en la cárcel si uno sapea, te pegan. Me quedé callada esperando que la niña hablara y dijera la verdad. Me fui a juicio oral y ahí el niño que no tuvo nada que ver se echó la culpa de que él le había pegado la puñalada porque la niña era su polola. Él se culpó y tampoco hizo nada. Me tiraron como la líder de la banda por ser la mayor.

¿Ellos eran menores de edad?

– No, mayores pero tenían 18 y 19 y yo 20. Nunca pude decir la verdad porque tenía miedo. Y nunca pude pagar un abogado porque mi papá no tenía plata.

¿Nunca se supo la verdad?

-No, el caballero (agredido) sí sabía. Cuando estaba en el juicio, por la otra niña dijo, “a ella la reconozco perfectamente pero a la que está al lado no le puedo decir. Ahí el juez preguntó, “¿sí o no? Diga sí o no, esto no es chacota”. Agachó la cabeza y dijo que sí.

Y luego una condena de diez años…

– Sí. Cuando el caballero supo de la condena habló con mi papá. Iban a reabrir el caso para que yo dijera la verdad, quería decir la verdad y era demasiado tarde. En la corte me negaron la oportunidad de reabrir el caso. De ahí el caballero se disculpó con mi papá por no haberme defendido. Sabía que yo no había hecho nada. Dijo que cuando se reabriera el caso él iba a ir a declarar.

Lo que nunca ocurrió…

– Nunca.

Pero ahora aparece una gran oportunidad con “MasterChef”…

– Sí. Quiero ganar y estudiar. No tanto por el premio ($25 millones), sino por tener un buen trabajo. A lo mejor no gano, pero esto me va a traer una estabilidad más adelante, un buen trabajo.

¿Te pone nerviosa el jurado?

– Sí, salía en los comerciales que Yann decía, “esto es una mierda”. Decía, “voy a ir, pero él no me tiene que decir eso”.

¿Yann es el que más miedo te da?

– Sí. Preparo algo y no me importa mucho lo que digan los otros jueces (Ennio Carota y Chris Carpentier), estoy esperando que Yann me eche un garabato o me diga cualquier cosa. Me asusta.

¿Cómo es la relación con tus compañeros del programa?

– Súper buena. Primero estaba neviosa porque nadie sabía de dónde venía. Me invitaban y siempre decía que no. Se juntaban todos, menos yo.

Te apartaste…

– No podía salir si tenía que llegar a dormir. Me tenía que ir a encerrar porque acá no tengo familia para irme después. O me invitaban después de grabar, a tomar algo, a comer. Y siempre decía que no.

(…)
– Un día les digo que les tengo que contar algo. El programa iba a salir al aire y yo estaba nerviosa por cómo iban a reaccionar. “Les voy a contar un poco de mí porque esto no me deja tranquila”, dije. Conté que estaba pagando una condena y que estaba haciendo uso de un beneficio extrapenitenciario, que tenía miedo a que me discriminaran.

¿Y cómo reaccionaron tus compañeros?

– Me aplaudieron. Dijeron que iban a estar siempre conmigo, que soy valiente y que tenía que salir adelante, que nunca más me pegara un cagazo así. Y ahí empecé a soltarme un poco.

Carolina Ceballos

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