Cervezas, miel, agua embotellada, mariscos, peces y ahora la sal: los alimentos que consumimos los humanos que contienen microplásticos

El tema es bastante más complejo de lo que se piensa y desde la división de Medio Ambiente de la Organización de Naciones Unidas, lideran una campaña para combatir y así proteger nuestra salud de los microplásticos presentes en la cadena alimentaria humana.

Por Nathaly Lepe

En octubre de este año un devastador informe encargado por la Agencia del Medio Ambiente de Austria y desarrollado por la Universidad de Viena, confirmó por primera vez la presencia de microplásticos en excrementos humanos, provocando revuelo en la comunidad científica internacional.

Hasta esa fecha la presencia de plásticos en el océano era un tema complejo, considerando que de acuerdo con las mediciones realizadas por Greenpeace, para 2020 los humanos habremos contaminado los mares con más de 500 millones de toneladas de plásticos.

 

No sólo eso, porque se calcula que actualmente existen 13.000 plásticos por cada 2,5 kilómetros cuadrados de océano, con un peso total de 100 millones de toneladas. Una cifra que para ser dimensionada se puede comparar con 20 mil millones de elefantes apilados.

¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de microplásticos? Esta problemática considera fragmentos inferiores a 5 mm y que provienen de una gran variedad de fuentes, incluidos los cosméticos, ropa, artículos de pesca, deshechos plásticos de uso cotidiano y procesos industriales.

Cabe mencionar que actualmente existen dos clasificaciones de microplásticos: los primarios, que son fabricados específicamente para ser utilizados en productos; y secundarios, que derivan del proceso de deterioro de deshechos plásticos más grandes, como las partes de plástico macroscópicas que conforman la Isla de Basura del pacífico.

Cómo llegan a nuestro cuerpo

Aunque aún no existe certeza del daño que estos elementos provocan en el cuerpo humano, y la comunidad científica apunta que aún deben realizar nuevas pruebas para detallar cómo afectan en el torrente sanguíneo, el sistema linfático o el hígado, donde pueden llegar con mayor facilidad, hay una alerta constante, considerando que se ha detectado que gran parte de los alimentos que consumimos habitualmente contienen microplásticos.

De acuerdo con la Oficina de Medio Ambiente de la ONU, los microplásticos están presentes en la cadena alimentaria humana y hasta ahora han sido encontrados en peces y mariscos, agua embotellada, las cervezas =(, la miel y ahora último la sal.

En el caso del condimento, una investigación publicada recientemente por la Universidad Nacional de Incheon, en Corea del Sur, en la revista Environmental Science & Technology, revela que el 90% de la sal del mundo está contaminada con residuos de plástico, principalmente la proveniente de los océanos.

El estudio determinó que las  mayores cantidades de microplásticos se encontraron en la sal vendida en Indonesia y que la sal marina era la contenía una mayor concentración, seguida por la sal de lago y la sal de roca.

Si bien este estudio es el quinto publicado sobre este elemento en los últimos años, es el que detalla de forma más extensa el consumo que hacemos los humanos de residuos plásticos a través de ella.

El agua embotellada es otro de los alimentos que consumimos ampliamente contaminados. Así lo probó un análisis  impulsado por la asociación de periodistas sin ánimo de lucro Orb Media, con sede en EEUU, y llevada a cabo en los laboratorios de la Universidad Estatal de Nueva York.

En dicho estudio, se revisó el agua de 259 botellas de marcas como Evian o Nestle Pure Life y concluyó que el 93% de las mismas contenían microplásticos, siendo el polipropileno, poliestireno, nylon y polietileno los más presentes.

Este dato tampoco resulta insignificante si se considera que la concentración promedio detectada es de 10 partículas plásticas por litro de agua, lo que supone el doble de la cantidad encontrada en el agua potable de una docena de países de los diferentes continentes.

Otros alimentos

Por su parte, investigadores chilenos de la Universidad de Magallanes confirmaron en junio de este año la presencia de microplásticos en el estómago de la centolla magallánica, siendo el primer registro en su tipo publicado en una revista científica.

Dicha muestra tomó 30 ejemplares de centolla Lithodes santolla desde la Bahía Nassau,  y en ocho de ellos (27%) se detectaron microplásticos pequeños que iban desde los 3,0 mm hasta los 20 mm de longitud.

En 2015 en tanto, un estudio portugués encontró microplásticos en el 19,8% de 263 pescados de 26 especies comerciales. Asímismo se han encontrado en peces y mariscos del Canal de la Mancha, el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico Norte y el Mar Báltico, entre otros lugares del planeta.

En el caso de la cerveza, el problema al menos se conoce desde el 2014, cuando en Alemania decidieron analizar uno de sus principales productos. Esa oportunidad, en el estudio publicado en la revista Food Additives and Contaminants se analizaron 24 muestras de cerveza obtenidos en los supermercados locales detectando micrtoplásticos en todos los casos.

En ese estudio se confirmó la presencia entre 5% a 71% para el material granular, del 14% al 87% de fragmentos y de 3% a un 57% de las fibras. Los autores del estudio Gerd Liebezeit y Elisabeth Liebezeit, detallaron en sus conclusiones que las posibles causas de la contaminación, provendrían de los elementos utilizados en el proceso de producción y la ropa y piel de los trabajadores de la cervecería como fuentes probables.

Estos elementos también se ha detectado en productos como el azúcar o la miel y probablemente los científicos seguirán encontrando mediante análisis validados por la ONU en su lucha contra la contaminación del planeta, que la presencia y los daños que provocan los microplástico es mucho mayor de lo que hasta ahora se ha considerado.

 

 

 

 

 

 

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