Standard Vanguard: El paciente inglés

No se confunda, Standard Vanguard no es una calificadora de riesgo ni tampoco una marca de mesas de ping-pong. Es un precioso modelo de la Standard Motor Company, fabricante inglés de vehículos, fundada en 1903 por Reginald Walter Maudslay, con sede en Coventry y uno de los seis principales fabricantes durante la primera mitad del Siglo XX.

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Standard Vanguard: El paciente inglés

El Vanguard fue el primer modelo post Segunda Guerra y su nombre implica una entretenida historia. El HMS Vanguard era un barco de guerra inglés que participó activamente en el conflicto bélico. Se estimó entonces que el efecto marquetero de un modelo bautizado con el nombre de un exitoso barco sería sinónimo de grandes ventas. Sin embargo, no todo fue tan simple. La Real Armada Inglesa puso sus reparos y ello dio paso a largas negociaciones. Finalmente se aceptó la utilización del nombre y es un misterio los términos del arreglo que conllevó dicha aprobación.
La novedad fue presentada en 1947 y su lanzamiento tampoco estuvo exento de polémica. La Unión Soviética reclamó respecto al diseño, aludiendo al ya lanzado GAZ-M20 Pobeda, desarrollado en su país desde 1943. La prensa inglesa, en una visión bastante parcial y poco amistosa, mencionaba que el Pobeda presentaba rasgos copiados del Vanguard. El punto no pasó a mayores pero dejó un aire de controversia entre ambos fabricantes.
El diseño del Vanguard en su primera generación (1947-1953) presentaba elegancia y sobriedad como cartas principales de presentación. La línea posterior quizás era demasiado sobria, por no decir que los diseñadores cayeron en una cierta flojera al tirar trazos demasiado convencionales y poco inspirados.
Es casi anecdótico que prácticamente la totalidad de los Vanguard producidos en esta primera etapa se exportaron y sólo en 1950 las ventas del modelo dentro de Inglaterra tuvieron relevancia.
Su frontal presentaba un cierto aire a los modelos contemporáneos de la Plymouth, sin embargo su tamaño era bastante menor que la media americana de esos tiempos: sólo 4,216 metros de largo. Su motor contaba con 2.088 c.c., su suspensión delantera era independiente, su caja era de tres velocidades y disponía de frenos hidráulicos.  Su velocidad punta del Vanguard era de 127 kms/hora y para el rango 0-100 kms/hora se tomaba holgados 21,5 segundos.
En 1952 el Vanguard presentó un cambio en su parrilla frontal, más ancha y estilizada y un diseño global que era de líneas más bajas.

NUEVAS GENERACIONES

La segunda generación (1953-1956) tuvo como gran novedad la opción de fábrica de un motor diésel. Pese a aplicar un afinamiento de su chasis para alivianar peso y contrarrestar el pesado motor a petróleo, esta opción presentó una performance sumamente humilde con una velocidad punta de 105 kms/hora y una aceleración 0-100 kms/hora de 31,6 segundos. Al enterarnos que el motor petrolero se basó en los motores usados por los tractores Ferguson podemos entender que la velocidad y agilidad no eran sus prioridades.
La tercera horneada (1956-1958) tuvo un cambio radical de diseño y se acercó a lo que actualmente se entiende como un sedán puro. Con mayor superficie vidriada y más espacio interior, la comodidad del Vanguard ganó varios puntos. Asimismo, la empresa ofreció modelos de pintado bicolor, generando mayor frescura y modernidad en su imagen.
La empresa propuso versiones opcionales. Una modesta versión Ensign de línea station wagon, disponía de humildes 1670 c.c. pero un jugado precio final de 899 libras.
Cerca de la década del sesenta fue el turno del Vanguard Vignale, diseñado por el italiano Giovanni Michelotti, con un bienvenido facelift en su frontal y con ciertos lujos interiores que capturó a un mercado más pudiente.
En 1960 llegó la hora de conocer al Vanguard Six, el primer modelo de 6 cilindros pero con un diseño demasiado familiar y, derechamente, poco atractivo.
Los años dorados del Vanguard habían pasado. La empresa en 1961 fue vendida por sus malos resultados financieros y hacia 1963, pese a todo tipo de intentos, su producción finalizó con más pena que gloria. La puerta se cerraba por fuera.

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