LONGTEST: Chevrolet Captiva, me acompañó a todas

Tuvimos el honor de probar al robusto SUV Chevrolet Captiva, el cual nos acompañó hasta las fantásticas playas más al norte de la Cuarta Región.

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LONGTEST: Chevrolet Captiva, me acompañó a todas

Nos fuimos un viernes y al abrir la puerta vi al mejor compañero para un viaje de siete horas, ya que su butaca de cuero, electrónicamente ajustable y calefaccionada sería mi mejor amiga durante un largo período de tiempo. Además me sorprendieron sus numerosos espacios para guardar cositas: los lentes, las boletas de peaje, la bebida y cuanta cosa se le ocurra llevar de viaje, además de un espacio interior que permite que 7 pasajeros vayan cómodamente sentados y embelesados con el bello paisaje.
Llenamos la maleta de 897 litros, que abatiendo los asientos de la segunda fila puede llegar hasta los 1.830. En este caso éramos dos así que nos bastó con el espacio que se obtiene al contraer la tercera fila de asientos. Partimos cerca de las 4 o 5 de la tarde,  por lo que se hacía urgente una buena banda sonora para alivianar el trayecto que se nos venía encima y que, sabíamos íbamos a llegar a nuestro lugar de destino algo tarde. No es de costumbre que estos vehículos cuenten con tan buenos equipos de sonido, pero el de la Captiva sorprende ya que tiene 8 parlantes repartidos, que hacen que la música envuelva el lugar, logrando que el ambiente sea ideal.

PRIMERA PARADA

Llenamos el estanque de 65 litros con cerca de 30 mil pesos y dijimos adiós a Santiago. El viaje se hizo muy placentero, pues su caja de cambios automática de 6 velocidades, hizo del manejar un agrado y si es que usted prefiere puede activar el control crucero, para mi eso es mucho pues es un placer manejar y con la caja automática me bastaba y sobraba.
Nuestra primera parada fue en una bencinera cerca de Los Vilos, comimos algo y partimos nuevamente. Ya para esa hora hacía frío, pero no fue problema para nosotros, encendimos la calefacción y de inmediato nos inundó un cálido ambiente y de los retrovisores ni preocuparse, ya que son calefaccionados, así que de empañarse, ni hablar. Yo no soy muy buena para el encierro, por lo que al descubrir la ventana que trae en el techo, la abrimos y fue lo mejor del mundo: adentro cálido, pero lo suficientemente ventilado para sentirse cómodo, además debo admitir que estaba maravillada ya que, me encantan esos techos, parecía cabra chica sacando la mano por ahí y además la luna estaba llena y justo se asomaba por el espacio de la ventana, algo de lo que pudo disfrutar mucho más mi acompañante ya que no se puede mirar la carretera y para arriba al mismo tiempo ¿no?

LAS ROCAS Y LA TIERRA

Llegamos a La Serena, cargamos combustible nuevamente y seguimos la ruta. Se hacía tarde y había que llegar para poder disfrutar algo de la noche. Cómoda conducción tuve en la cuesta que hay camino hacia Vallenar. Cuando nos desviamos de la carretera para poder dirigirnos hacia la costa, comenzamos a andar en un rocoso y polvoriento sendero, nada que decir de la tremenda camioneta que conducía, fue un andar suave amortiguado por sus llantas de aleación de 18 pulgadas. ¡Por fin llegamos! El paisaje era muy rústico y extremadamente alejado de lo que vemos todos los días en Santiago. Nada de gente, puro camino de tierra. Nos metimos por una especie de calle, que nos llevó a un lugar donde el mar estaba a 30 metros de nosotros, ideal para disfrutar la noche de luna llena perfecta que nos acompañaba.

PLAYAS AL NORTE

Por la mañana pasamos por el desayuno a “El Barco” (terraza con techo y piso de madera, atendido por una niña muy amable). Luego recorrimos y nos encontramos con una oficina de la Conaf desde donde salían los barcos hacia Isla Dama. Desistimos de tan magnifica tentación, ya que la gracia era seguir probando al SUV que tan bien se había portado hasta el momento.
Hacía un poco de frio así es que activamos los calienta asientos (que habían sido descubiertos por la mañana). Paseamos por terrenos arenosos donde la función AWD se portó de maravilla, además que con su motor 2.2 y sus 181 HP a 3.800 rpm no era de esperarse menos. Debo reconocer que por el peso de esta camioneta y lo infladas que estaban las ruedas, en algún momento temí por quedarme enterrada, pero no hubo problema.
Llegamos a una playa desierta, el sol estaba perfecto. Disfrutamos de ella hasta el atardecer, donde el cielo se tornó desde naranjo, pasando por rosado hasta llegar a morado, ideal (sí, envídieme).

SE SALVÓ EL CONEJITO

Por la noche, nos fuimos a comer un delicioso pastel de jaiba, podíamos regodearnos en cuanto al estacionamiento, pues la gente en esta época no va mucho hacia esos lugares. Apreté el botón del freno de manos eléctrico, puse la alarma y como cuenta con inmovilizador antirrobo, a despreocuparse del robusto SUV se ha dicho.
Al salir el frío y viento pegaban duro, pero dentro del hermoso Captiva, había un ambiente tipo playa tropical gracias a la calefacción con climatizador, la que basta solamente programar la temperatura deseada y el auto se preocupará de mantenernos en El Caribe.
El retorno se nos hizo más fácil todavía ya que ya conocíamos la ruta y al increíble SUV, por lo que sabíamos no tendríamos problemas. Un solo inconveniente nos sucedió casi llegando a la carretera, pues se nos cruzó un conejito, tuve que frenar a fondo y los cual me permitió probar los frenos ABS con EBD con que viene equipado Captiva, para variar estuvieron excelentes.

NO ACTUARON HOY…

Este SUV cuenta con bastante equipamiento, el cual en mi viaje no pudo ser utilizado por completo, pero por lo útil que se torna, merece una mención honrosa en mi texto ¿Ejemplos? Control de descenso, aire acondicionado con climatizador, asistente de partida en pendiente, sistema antivuelco (gracias a Dios), doble airbag, solo por nombrar algunas de las cuantas cosas con que cuenta este maravilloso Captiva.
Y hasta que llegamos a Santiago sanos y felices ¡Gracias Captiva!

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