MOTOTEST: Vespa GTS 300

La Vespa GTS 300 echa mano de un moderno y potente motor de 4 válvulas con refrigeración líquida, inyección electrónica y homologación Euro 3.

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Me costó desprenderme de la Vespa GTS 300, luego de cinco días de uso por ciudad, donde también cubrí muchas veces tramos de autopista urbana. Salimos en un modelo rojo que gracias a su bella arquitectura, donde lo clásico es revisitado para dar como resultado final un todo armonioso, con una nueva silueta que vociferan la coherencia del dinamismo conductivo que alcanza gracias al vigorizado motor que vio crecer su cilindrada a 278 cc. si tomamos como referencia el propulsor de la GTS 250. Lo que buscó el clásico fabricante fue conferir al modelo nuevo una mejor respuesta a bajo y medio régimen.
Claro que las primeras palabras que nos entrega esta belleza tienen que ver con el vértigo y la respuesta inmediata a la más mínima provocación desde el acelerador. Se sale primero de los semáforos y con holgura. Esto nos hace dueño de un gran protagonismo en las calles algo atochadas y de espacios tan disputados como sucede en Santiago, pero que nadie se equivoque porque también se trata de una entrega de potencia sedosa, importante pero bajo control siempre. La confianza que demanda el subirse a una moto nueva de lo que uno acostumbra sucede a los pocos kilómetros, por lo que a su agilidad, estilo y elegante presencia debemos añadirle una maniobrabilidad alta.
Sin duda que para lograr tal modo sagaz en la urbe hay una suma de factores que interactúan con genial asociación: un motor potente de 22 CV, las llantas delanteras de 120/70 R12, las traseras de 130/70 R 12 y su “corporalidad” cuya anchura no sobrepasa los 750 mm. Una scooter que, por tanto, se desplaza con el dinamismo y agilidad propia del segmento, pero dueña de un motor que la coloca a la cabeza de sus pares.

SER SEGUNDO NO ES IGUAL…

Como alcanza sin grandes ahogos velocidades cercanas a los 125 kilómetros por hora como máxima, no es nada descabellado atreverse en las autopistas con la Vespa GTS 300. De hecho su recuperación en frenadas y retomes es genial y la diversión se suma a la seguridad de saber que se “tiene moto” para intentar un rebase o adelantamiento en una breve y eficaz maniobra.
Lo que me costó y no recomiendo es meterse en curvas a velocidades muy altas, ya que su control se hace más dificultoso y tengamos en cuenta que no estamos hablando de una moto de carreras. Pero ojo, que la inclinación en cambio es muy buena y por eso el giro en la ciudad y su comportamiento urbano en términos generales es maravilloso.

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