Autotest Jaguar F-Type

Fue en Las Vizcachas donde pudimos probar a esta hermosa bestia, felino que encanta por su belleza y por sus 340 caballos que nos llevaron de forma elegante y fiera directamente hasta el cielo.

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Rojo, descapotable y completamente impecable llegó a Las Vizcachas. Sus partes cromadas en el interior brillaban con el sol, aunque este automóvil no necesita demasiado del astro llamado Ra para deslumbrar.
Primero impresiona su fascinante y esculpida silueta, sus entradas de aire laterales y la elegancia con que se posa en la pista. Lugo viene el placer de escuchar el rugido de su motor V6 de 3.0 litros (versión de entrada), exquisito manjar para cualquier amante de las tuercas. Nadie lo podía dejar de admirar cada vez que pasaba una y otra vez por el sector de los pits. Estoy segura que ni la rubia más despampanante le hubiese quitado el protagonismo aquel día al F-Type.
Desde abrir la puerta, hasta sentarse en sus exquisitas butacas deportivas de cuero se transforman en una experiencia religiosa, para qué describir la taquicardia que se siente cuando el motor ruge y una vez que pisas el acelerador te das cuenta de que lo que estás viviendo podría ser una de las cosas más emocionantes de toda tu vida, no por nada Adrian Hallmark, Director Global de Marca de Jaguar Cars, dijo en el momento del anuncio de su construcción en el Salón de Nueva York en el 2011: “Este vehículo se denominará F-TYPE y a finales de año se dará a conocer cómo será el modelo de producción. El atractivo fundamental de los Jaguar es su corazón deportivo y ese corazón latirá más fuerte que nunca en el F-TYPE. Su desarrollo es una elocuente expresión de la confianza y la ambición de la marca Jaguar, junto con el deseo de nuestros ingenieros y del equipo de diseño, de producir un líder de mercado en un segmento del que hemos estado alejados durante demasiado tiempo. Pero esto ahora se ha acabado: llega el F-TYPE”.

Fiereza pura, comodidad insuperable

Toda una experiencia es subir al F-Type, puesto que a pesar de su fuerte ronroneo el modelo se mueve con mucha suavidad, dando una excelente sensación de estabilidad en las curvas, a pesar de tomarlas a gran velocidad y es que cuando uno monta este Jaguar no se entiende de límites.
Su transmisión automática de 8 velocidades es uno más de los placeres que se puede experimentar en el F-Type, puesto que el engrane de cada una de ellas es perfecto, tremendamente preciso y me llevó a volar por la pista de forma continua y suave.
El deportivo lanza 340 caballos de potencia y tarda 5,3 segundos en llegar de cero a 100 km/hora, muy buenas cifras que disfruté en la gran recta del Centro de Manejo Avanzado de Las Vizcachas (CMA) gracias a su aclamada estructura de aluminio rígido que le entregan un peso de tan sólo 1.597 kilos, los que ayudan con la agilidad y aceleración al momento de conducir.
Suspensión perfecta a tal modo que ésta deja sentir el bamboleo del automóvil cuando transita por terreno imperfecto, algo que se agradece puesto que los deportivos son para crear sensaciones y esto es perfectamente lo que se obtiene del F-Type.
En cuanto a la dirección, el coche reacciona de manera impecable siendo obediente, pero siempre entregando un resto de fiereza, la muestra más clara de que cuando el un Jaguar se viste de seda, felino queda.

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