El maní, sinónimo de mala suerte en el deporte motor

En un ambiente donde las supersticiones hacen nata, el fruto asoma como un enemigo, haciendo que sea raro poder encontrarlo en carreras de autos o motos.

Por Pablo Vargas Zec

Por absurdo que parezca, los maníes no son bienvenidos en muchos eventos de motorsport, salvo que se corra luego de que se hayan barrido sus polvorientas cáscaras. Si va a una carrera y no puede evitar disfrutar de su fuente favorita de grasa y proteína, es poco probable que encuentre un manicero fácilmente, siendo incluso recomendable llevar su propia remesa. Una bolsa de maníes salados, tostados, con miel o confitados, pero siempre pelados, puede ser una buena manera de salvar la situación, pues el expendio de este fruto seco siempre es escaso en todo tipo de competencias tuercas. Sin embargo, ser portador de una bolsa del producto con cáscara puede resultar acarrear automáticamente la mala suerte a un piloto o, incluso, poniendo en riesgo la integridad de la concurrencia.

Lo cierto es que si hay un ambiente en el cual se cree en las supersticiones, ése es el de las carreras de autos o motos. Y en ese entorno siente que los maníes con su vainason sinónimo de mala suerte.

Fruto agorero

La razón de considerar el fruto como automático agorero tiene su razón en la leyenda, por supuesto. Ha habido suficientes incidentes relacionados con el maní en la sórdida historia del deporte motor, como para que se gane edste inocuo snack la mala reputación entre los cabuleros pilotos.

De hecho, hay dos accidentes mortales a los que se les adjudica la mala fama del maní en el motorsport, ambos ocurridos en 1937.

El primero involucró a dos corredores que se salieron de pista en el Langhorne Speedway de Pennsylvania. Cuando ambos coches se detuvieron en un área de espectadores, había cáscaras de maní cerca de las destruídas máquinas (y en todas partes, en realidad), porque eran un aperitivo popular en tales eventos.

Los pilotos en el incidente Langhorne salvaron ilesos, pero distinta suerte corrieron muchos espectadores, que resultaron heridos o muertos. Ese mismo verano, en Nashville, una mala maniobra de un piloto en la pista causó la muerte del competidor y, de nuevo, las cáscaras de cacahuete que adornaban el paisaje fueron interpretadas como un mal presagio.

Sin embargo, hay un artículo de prensa estadounidense, fechado en 1933, que menciona (pero no explica) la superstición del maní, así que es posible que el rol de las cáscaras del maní en los accidentes de 1937 fuerab solamente exageraciones.

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