Maserati celebra los 50 años de vida de su primer coupé, el Indy

Nacido como un homenaje a las victorias del tridente en las 500 Millas de Indianápolis, el modelo marcó época en los 60 y 70.

Por José Contreras

En color oro metalizado y con interiores de cuero café. Así salió, en julio de 1969, de la fábrica directo a las calles el primer coupé de Maserati. Su nombre era Indy y nació como homenaje a las victorias de la marca del tridente en las 500 Millas de Indianápolis de 1939 y 1940. De ese lanzamiento han pasado 50 años y su historia ha sido más larga que su vida de apenas seis años de producción.

El Indy fue exhibido en el Salón de Turín de 1968 y surgió como una evolución en la carrocería como forma de responder las peticiones de los clientes que querían un auto cómodo, deportivo y habitable.

El nuevo modelo destacaba por sus grandes ventanales que permitían una gran visibilidad y una línea elegante, muchos detalles de otros deportivos como focos emergentes en el frente y una toma de aire debajo de un delgado parachoques. Atrás, en tanto, se trabajó para mejorar la aerodinámica.

Inicialmente, el motor era un V8 de 4.136 cc con 260 hp, cuatro carburadores Weber 42 DCNF, encendido de transistor de un solo enchufe con batería, distribuidor regulador y velocidad máxima de 250 km/h. La transmisión era manual de cinco velocidades, con una automática sólo a pedido.

Ese motor creció en 1970: un V8 de 4.719 cc con 290 hp, 280 km/h de velocidad máxima y el nuevo sistema de encendido electrónico de Bosch. En 1971, en tanto, se introdujo el motor de 4,930 cc de 300 hp, el cual quedó como única opción de motorización.

Su equipamiento era de alto lujo: tapiz de cuero, sistema mecánico antirrobo, volante ajustable, ventana trasera con calefacción, ventanas eléctricas tintadas, asientos delanteros reclinables con apoyacabezas, luces de yodo y aire acondicionado (desde 1973).

La producción del Indy se detuvo en 1975, después de 1.102 unidades construidas en Módena y una edición especial a pedido por parte del hermano del Shah de Persia. Sin duda, una corta vida, pero que dejó historias por recordar en uno de los modelos más emblemáticos de Maserati.

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