Cortesana "símbolo sexual" de siglo XIX inspiró estatua de Virgen La Purísima

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María Ignacia “la Güera” Rodríguez, una aristócrata cortesana del siglo XIX que tuvo amoríos con Bolívar, Humboldt e Iturbide e influyó en la independencia de México, inspiró la escultura de la Virgen de la Purísima, aseguró hoy a Efe el caricaturista Antonio Garci.

“Según las crónicas, la Güera era bellísima y se acostaba con los hombres más poderosos de entonces”, dijo el humorista, quien destacó que la escultura refleja la belleza y parte de la voluptuosidad que se le atribuyen a esta mujer.

El escultor español Manuel Tolsá (1757-1825), creador de la popular estatua ecuestre de Carlos IV, conocida en México como “el Caballito”, se inspiró en la Güera para esculpir una estatua de la Virgen de la Purísima, que se encuentra en la iglesia La Profesa de la capital mexicana, explicó.

“La Güera Rodríguez fue un símbolo sexual de su época, una “Marylin Monroe en su momento, que tuvo amoríos con Simón Bolívar, con Alejandro Von Humboldt y con Agustín de Iturbide, quien consumó la independencia de México”, agregó Garci al comentar su libro “Más pendejadas célebres en la historia de México” (Planeta, 2011).

La Güera (1778-1851) fue una mujer de la nobleza novohispana que escandalizó por su liberalidad a la sociedad de su época, cuyos amoríos, reales o ficticios, con numerosos hombres de su época forman parte de las leyendas en torno a ella.

El caricaturista comentó que se trata de un personaje olvidado en la historia mexicana pues apoyó a Hidalgo y promovió a Iturbide para que consumara la independencia del país.

Fue “el único vínculo entre Hidalgo e Iturbide” y, por tanto, “decisiva en el comienzo y la conclusión del proceso independentista”, indicó.

Garci recordó que después del estallido de la revuelta de Hidalgo en 1810, la Inquisición investigó a la Güera por su “inclinación al adulterio”, no obstante, debido a que conocía muchos secretos sexuales de los personajes más poderosos, sólo es amonestada y exiliada a otra ciudad.

En 1820 un grupo de aristócratas conservadores, encabezados por el obispo Matías de Monteagudo, promovió un movimiento para separar a México de España en protesta contra el régimen regido por la Constitución de Cádiz, y para liderar esta causa se nombró a Agustín de Iturbide, a instancias de la Güera Rodríguez.

El libro “Más pendejadas célebres” recoge también otros hechos contradictorios, ilógicos y ridículos de la historia de México, entre estos la persecución a los creadores del himno nacional, el poeta mexicano Francisco González Bocanegra y el músico catalán Jaime Nunó.

Ambos artistas fueron ganadores de un concurso convocado en 1853 por el Gobierno conservador de Antonio López de Santa Ana para crear un himno mexicano.

No obstante, el premio nunca se les pagó a los autores, y con la llegada de los liberales al poder en 1957, éstos tuvieron que esconderse y Nunó salió huyendo del país.

González Bocanegra murió de tifoidea y en el olvido en 1861, mientras que Nunó fue localizado 30 años después en Estados Unidos, y se le invitó para rendirle honores, no obstante, días después fue expulsado como persona non grata por unas declaraciones a un diario que generaron una fuerte hostilidad en su contra.

Lo que pasó con Nunó es “similar a lo que les sucede a los entrenadores de la selección mexicana de fútbol, primero los ponen por las nubes y luego los persiguen para lincharlos”, dijo Garci.

El humorista también resaltó que actualmente solo se canta entre el 20 % y el 40 % de la letra original del himno, debido a que los gobiernos posteriores censuraron diversas estrofas “por motivos políticos o prácticos”.

Además, recordó que México obtuvo los derechos sobre el himno apenas en 1942, 89 años después de que fue compuesto, y luego de que pagó una pequeña cantidad a los descendientes de González Bocanegra y de Nunó.

Finalmente, cuenta que el himno mexicano fue registrado en el siglo pasado en EE.UU. a nombre de Edward B. Marks, por la editora Brodcast Music Inc (BMI), la cual envía, a todos los eventos en ese país donde se interpreta, a un representante para cobrar los derechos de ejecución, si bien la mayoría no los paga.

EFE

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