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Javier Castrilli, el “Sheriff” pone orden: “Tobar no fue castigado, no reunía las condiciones”

El jefe de la Comisión de Árbitros detalla sus planes, aclara que no dio de baja a ningún juez y avisa que va tras los tramposos.

Javier Castrilli acaba de cumplir un mes como jefe de la Comisión de Árbitros de la Anfp y su mano ya se nota. Transformó su primera gran crisis, la polémica actuación de Roberto Tobar en el Universidad Católica-Santiago Wanderers, en una oportunidad: acabar con los simuladores. El “Juez de Hierro” no quiere más tramposos, como tampoco interferencias en los informes, que ahora van a parar directamente al Tribunal de Disciplina. También pretende bajar la edad promedio de los jueces, trabajo que arrancó de entrada. El “Sheriff” llegó para poner orden.

¿Cómo se produjo el vínculo para que llegara?

—Me conectaron a través de la presidencia de la Anfp. Fui convocado, inicialmente, sin saber el motivo y, después, cuando estuve acá, me transmitieron su interés de que pudiera ocupar el cargo, me preguntaron si estaba de acuerdo, y aquí estoy, dispuesto a trabajar, y mucho, para conducir este barco.

¿Tuvo algo que ver su “chilenismo” en las redes sociales?

—Las redes son un canal de comunicación global, que uno muchas veces usa a modo de catarsis. Así lo hacía yo. Hacía público mi juicio de valor, independiente de qué equipo o selección se tratara. Coincidieron varios juegos donde mi opinión era favorable a los intereses de Chile, pero no fue eso. Cuando se toma la decisión de elegir a una persona, se toman en consideración una multiplicidad de factores, no solamente su historia personal como árbitro, sino también su capacidad de gestión y de manejo de grupos humanos, y su impermeabilidad, por sobre todas las cosas, a las posturas corporativas. Conducir a los árbitros no significa defenderlos.

¿Le llamó la atención que Eber Aquino arbitrara a Chile contra Bolivia después de lo que había pasado en Uruguay? ¿Cree que nuestro país tiene peso en las designaciones clasificatorias?

—Respondiendo a los intereses de la institución que estoy representando, debo responder a principios generales como la prudencia, el tino y la mesura, y también a la tranquilidad de realizar declaraciones que no comprometan el futuro y el desarrollo de los juegos. En ese sentido, te comunico que estoy en contacto con las autoridades de la Conmebol, de quienes hemos recibido felicitaciones y deseos de éxito. Y celebro que en los próximos partidos Chile sea dirigido por los árbitros que le ha tocado, no porque sean argentinos (Patricio Loustau y Fernando Rapallini), sino porque en este momento están atravesando un buen nivel. También contra Venezuela y Paraguay tuvimos la fortuna de que nos enviaron dos que estuvieron a la altura de las circunstancias.

O sea, con usted al mando, vamos a tener mayor peso…

—Yo no creo eso, sino que confío en que quienes tienen la responsabilidad de designar son conscientes de que al entrar a esta etapa de definiciones, todas las selecciones tienen que necesariamente contar con la seguridad jurídica y la tranquilidad que otorga la designación de árbitros que estén atravesando un buen momento. Pasa por ahí, no por mi presencia.

¿Qué opinión personal tiene sobre Aquino?

—Es un buen árbitro, que no está atravesando un momento bueno. Pudo haber cometido errores, como cualquier otro. Tobar se equivocó en una jugada y no por eso deja de ser -por lejos- el mejor, a mi juicio. Lionel Messi es considerado por muchos el jugador más grande de la historia y falló penales.

Usted llegó tomando decisiones drásticas, terminando con la carrera de algunos árbitros: Eduardo Gamboa, César Deischler y Christian Rojas. ¿Cómo se lo ha tomado el medio?

—Es muy importante la pregunta para aclarar que los tres se fueron fue por voluntad propia, ellos tomaron la decisión de retirarse. Obviamente, yo había hecho pública mi intención de darle lugar a la gente joven, porque la franja etaria media en el arbitraje chileno está muy por encima de lo que debiera estar. Ellos, en un gesto de grandeza, horas después decidieron dejarles el espacio a los jóvenes, cosa que los enaltece. Con uno de ellos ya estamos en contacto para seguir desarrollando otras tareas.

¿El jugador chileno simula mucho?

—Los jugadores no hacen ni más ni menos que aquello que el árbitro les permite. Eso no es patrimonio exclusivo de Chile, ocurre en todos los rincones del planeta, porque el ser humano es así. Cuando durante mucho tiempo los límites entre lo prohibido y lo permitido van hacia una zona más gris, se van reproduciendo y naturalizando las conductas reprochables y, cuando te das cuenta, estás conviviendo con un conjunto de ilicitudes que, aparentemente, son insignificantes, pero que terminan contaminando el juego. Por eso ocurren hechos como el de Tobar, por convivir con la simulación, la sobreactuación y la trampa institucionalizada. Arribamos a este presente producto de muchos años de haber permitido que se fueran acumulando imperfecciones, y vamos a requerir muchos más para revertirlo.

Para los informes pospartido, ¿van a poder revisar las jugadas en el camarín, como hizo Tobar con la expulsión de Fernando Zampedri?

—El paradigma arbitral está cambiando, la tecnología irrumpió en el fútbol por necesidad y urgencia. Lo que no está prohibido, está permitido. Si Tobar y sus asistentes acudieron a un teléfono inteligente para darse cuenta de que se habían equivocado, es una cuestión de compromiso con lo justo. Tenemos que agradecerle su hombría, su estatura de hombre de bien. Una cosa que nadie sabe: una de las primeras decisiones que tomé fue garantizar un marco de impermeabilidad a todos los informes, porque cuando llegué pasaban por los empleados de la Comisión de Árbitros. Ahora todos van directamente al honorable Tribunal de Disciplina, porque el informe de un árbitro es sagrado. Eso es para taparles la boca a todos los gaznápiros que andan diciendo que yo estoy influenciando al tribunal, cuando tenemos que tener una justicia independiente. Yo sería incapaz.

Además de castigar a los simuladores, ¿en qué otro cambio concreto se va a ver su mano próximamente?

—Acabo de sacar una resolución, disponiendo que se va a considerar una omisión grave todo acto simulatorio, con tiro libre y amonestación. Además, estamos adoptando medidas correctivas en el funcionamiento administrativo y también tomando algunas en el movimiento arbitral, como la comunicación individual luego de los partidos. Los estoy citando a mi despacho, para exponerles los errores que cometen y de qué manera tienen que resolverlos. Vemos cambios interesantes en muchos de los muchachos, y también lo hacemos con las chicas.

¿Está dentro de sus planes que los castigos a los árbitros sean como los de los jugadores, con número de fechas y razón?

—Yo he publicado dos resoluciones, con decisiones drásticas y dolorosas que tuve que tomar.

Pero el castigo a Tobar no fue público…

—Es interesante que me lo preguntes, porque Tobar jamás fue castigado.

Eso fue lo que trascendió…

—Por eso les pido a ustedes que, antes de publicar algo, consulten. Llámenme a mí.

¿Cómo será el procedimiento?

—Primero hay que ver las variables para sancionar a un árbitro. No se le sanciona solamente por la repercusión pública y porque todos quieran cortarle la cabeza. Si no reúne las condiciones para ser sancionado, no lo va a ser. Tobar tuvo tres jugadas muy discutibles. La primera fue una posición adelantada que no existió, pero no es atribuible a él, sino al asistente. La segunda fue la expulsión de Germán Lanaro, donde coincido totalmente, fue conducta violenta. Y la tercera fue un error producto de una simulación, de una trampa, donde cayeron él y su colaborador. Yo sancionaré a los árbitros cuando hayan incurrido en uno o varios errores que hayan incidido notoriamente en el desarrollo y el resultado.

¿Cuánto tiempo de vida le queda al juez de línea?

—Es una muy buena pregunta. Estamos viviendo cambios estructurales, el desarrollo tecnológico ha hecho que tengamos herramientas que antes no teníamos. Sin embargo, hasta el momento, el resultado es negativo, nadie puede decir que está conforme con el VAR, por eso tenemos que trabajar para que sea implementado correctamente. De ser así, tenemos la obligación de preguntarnos si la inteligencia artificial tendrá lugar en el arbitraje futuro. Si llega a garantizar lo que todos desean, el cumplimiento de la justicia y de las normas, obviamente la figura humana quedará relegada o desplazada a un simple ejecutor de decisiones remotas.

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