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“Por resultados no pueden huevear”: Marcelo Ríos entrega su versión sobre el abrupto fin de la relación laboral con Juncheng Shang

“Si ellos quieren un hueón más pajero al lado, perfecto. Pero yo no voy a transar”, manifestó.

Marcelo Ríos asumió el desafío de ser el primer entrenador en el circuito de Juncheng Shang

La historia de Marcelo Ríos como entrenador del promisorio tenista chino Juncheng Shang tuvo un abrupto final. El exnúmero uno del mundo habló en profundidad del término de esta experiencia como entrenador y fue claro al manifestar que su mala relación con el padre de “Jerry” detonó el quiebre.

“A mí no me dieron ninguna razón por la que terminamos. No me dijeron ‘no te gusta cómo te vestís’. Ni una hueá. Esto lo supe por mi agente, que me dice ‘malas noticias, no vas a seguir con Jerry’. Dije ‘ah, perfecto’. Y justo venía en el avión de Atlanta a Sarasota. Me bajé y pillé de sorpresa a Jerry y sus papás y les pregunté ‘¿así que terminamos?’. No se esperaban que yo supiera, pensaban decírmelo a través del agente. Y el papá me dice ‘sí’. Le respondí ‘la raja, todo perfecto, pero me encantaría saber la razón por la que terminamos’. Entonces, el papá se pone a hablar y no le entiendo ni raja. Después le digo: ‘Jerry, ¿me puedes explicar tú?’. Y él me responde ‘mi papá dice...’, declaró el “Chino” en entrevista con La Tercera.

“Yo creo que esta fue una decisión del papá. No fue decisión de Jerry. Aparte la mamá y el papá se agarran todo el día y eso le hace mal al pendejo. No sé qué mierda hablarán, pero sé que la mamá estaba bien contenta. Le dije a Jerry que lo conocí súper poco y al papá que no podía ser que todo el día anduviera peleando. Se sale de sí, empieza a gritar o se va a la chucha. Es una cultura muy difícil. Es súper difícil convivir con ellos, no estoy dando excusa de nada, pero que me echen y me digan ‘hicimos cuatro primeras rondas, la raja’. Pero el tipo hizo dos finales y está 190. Entonces, por resultados no pueden huevear. Pero da igual. A mí no me influye. Yo te digo la verdad: no lo estaba pasando bien con el viejo”, afirmó.

En ese contexto, el oriundo de Vitacura comentó que “yo tuve un encontrón con él porque en un partido le dije a Jerry: ‘Termínalo acá’, como diciéndole ‘quiébrale aquí para que no tengas que sacar por el partido’, y el papá entendió cualquier hueá y se enojó. Me dijo ‘córtala, Marcelo’ y explotó. Fui a hablar con él y me responde que no le puedo decir eso, que tiene 17 años, que es muy chico. El papá me dice ‘es que tú le dices que se apure, porque para ti es fácil, porque estás acostumbrado a ganar Montecarlo, Roma...’. ‘Qué mierda estás hablando. Yo decidí firmar este contrato para estar con ustedes, yo sabía a lo que venía. Soy el único número uno en la historia que anda de entrenador en los challengers. Y si lo hago es porque yo quiero ayudarlo’, le respondí”.

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“Ahí yo le dije que, si acaso había una edad para entrenar de una manera u otra, porque yo pretendo que a los 19 o 20 años esté dentro de los 10 mejores del mundo, como lo hacen todos, y para eso necesita sacarse la chucha. Él juega muy fácil, pero no se saca la chucha. Para mí un profesional entrena dos horas y media en la mañana y dos horas y media en la tarde, más físico. Él, dos horitas, se despierta a las 12 del día... Tienen otra cultura. Cualquier dolor paramos, la semana que tuvo Covid el papá no pudimos entrenar. El hueón avanza cinco pasos y retrocede 10″, complementó.

Al entregar detalles sobre su relación con Juncheng Shang, Ríos contó que “la comunicación con él era muy mala, ya que él no hablaba mucho y cada cosa que yo le decía, él respondía ‘sí, sí, sí’. Y lo que uno pretende, cuando tiene a alguien, es que te diga las cosas que quiere entrenar, lo que le molesta o lo que no está bien para él. Aquí no había comunicación. O por mucho respeto que me tenía o porque él es así. Nadie hablaba nada. Entonces, nunca podía saber lo que él estaba pensando o lo que realmente quería. Así, se hace súper difícil entrenar a alguien si no hay comunicación”.

“El papá me reclamaba que era muy exigente, que los sudamericanos somos un cultura muy distinta, que somos tipos que vamos al frente. Que no está acostumbrado a eso. Entonces, yo le dije al papá: ‘Hagamos algo. Tú eres el entrenador y yo me voy para la casa’. Yo lo voy a formar de la manera en que me formaron a mí. Y si a los 17 años se tiene que sacar la chucha, que hoy en día todos los de su edad lo hacen, tiene que hacerlo. Alcaraz es número uno con 19 años. Yo le dije que no iba a transar mi manera de entrenar. ‘No porque me pagues buena plata, vamos a entrenar la horita que querái’. Y le dije a Jerry ‘que seas 190 a mí no me dice nada. Yo quiero que seas top ten, que ganes grand slams. A eso apunto, no a dos challengers’. Entonces, era mucha presión para ellos, que es lo que me dan a entender, porque no hubo una respuesta...”, agregó.

Por otro lado, el ganador de 18 títulos del ATP relató que “le pregunté a Jerry si le gustaba el tenis, y me dice ‘sí’. ‘¿Pero te gusta mirarlo o te gusta lo que va detrás?’, le contesté. Y me pregunta qué es lo que va detrás, y yo le respondo que es sufrir, pasarlo mal, acalambrarte, preparación física... Me responde que sí, pero dándome a entender que no conoce ese mundo y no lo quiere conocer. Y esa es la única manera. Te contaba que le pedí videos a Moyá de Nadal entrenando o, incluso, a Alcaraz, para que viera la actitud de ellos. Jerry, no. Se queda parado, mirando que pasen los puntos. No tengo explicación. Yo creo que es por eso”.

Al dar a conoocer cómo fue su despedida con el promisorio tenista chino, Ríos declaró lo siguiente: “Le dije: ‘Jerry, te deseo lo mejor. Juegas muy bien, pero te falta mucho. Te falta mucho que aprender. Suerte en el futuro...’. Cualquier cosa que necesites, llámame nomás...”. Y apunta: “Yo creo que él no quería, pero aquí es una decisión de los papás y él no tiene nada que opinar”.

“Me siento tranquilo, porque lo ayudé. Que haya subido del 380 al 190 es un paso grande, y si ellos quieren un hueón más pajero al lado, perfecto. Pero yo no voy a transar. Yo estoy acá para ser top ten, no para ser 150 o 200. Es muy talentoso, juega muy bien, le falta mucho que aprender, pero es muy pajero. Es muy cómodo. Le decía que entrenáramos en la tarde y no quería, me decía que tenía que hacer físico. El pendejo es la raja, le falta cambiar esa mentalidad y ser un perro en la cancha. Si realmente se sacara la chucha, puede ser muy bueno”, cerró.

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