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El básquetbol chileno sueña con su propia “Generación Dorada”

La selección de “Manu” Córdoba inició un interrumpido proceso en 2012. La base de la “Roja” cestera juega en Europa, clave para poder competir.

Sebastián Herrera / Febachile

En 2010, luego de algunos años trabajando en Valdivia, el argentino Juan Manuel Córdoba daba el salto desde el Calle Calle a la selección chilena de básquetbol.

A poco andar, en julio, preparando la participación en el Sudamericano Adulto masculino que se disputaría en Colombia, con “Manu” en la banca, la “Roja Sin Mangas” superaba a Argentina en el segundo de una serie de cuatro amistosos de preparación. El triunfo en el gimnasio Municipal de San Bernardo no fue baladí, ya que en el quinteto transandino venían ocho jugadores que, a la postre, serían mundialistas con la “Albiceleste”, como el gigante Román González, Marcos Mata y Leonardo Mainoldi, entre otros. A esas alturas, el equipo vecino ya era una potencia mundial, con oro olímpico de por medio incluido.

A mediados de 2023, 13 años más tarde de ese momento, luego de un fallido intento por contratar al puertorriqueño Juan Cardona como entrenador nacional, la Federación de Básquetbol de Chile opta por repatriar, desde Colombia, al mismo Córdoba. El nicoleño estaba dirigiendo en la liga “cafetera” y no dudó en tomar el desafío. Sabía que había material para hacer crecer a la “Roja”.

Antes del retorno de “Manu” a la selección nacional cestera, hubo algunos dolorosos reveses.

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Con una generación que inéditamente tenía muchos exponentes jugando a buen nivel en Estados Unidos y Europa, el quinteto nacional no lograba cuajar una actuación que reflejara ese despegue. Incluso, con Cristián Santander en la banca, en 2022 se estuvo cerca de avanzar en las eliminatorias mundialistas, pero una inesperada derrota de Brasil ante Colombia hizo que ese ciclo se cerrara con una gran frustración.

Fue el momento de la vuelta de Córdoba a ponerse el buzo rojo, con la contratación de Cardona de por medio, quien nunca llegó a dirigir al combinado nacional.

La elección del directorio que encabeza Irán Arcos caía de madura.

Con el Panamericano como local ad portas, y con la fase previa a la clasificación para la Americup y para el repechaje olímpico, el técnico argentino era la opción obvia para la selección. No sólo por los títulos cosechados en la liga local, sino porque -hace una década- “Manu” había sido clave en forjar a la generación de jugadores que hoy son la base de la “Roja”.

El equipo que el domingo por la noche derrotó a una Argentina estelar, encabezada por los exNBA y estrellas del Real Madrid, Facundo Campazzo y Gabriel Deck, tiene una historia particular.

Por ejemplo, corría 2012 cuando Nicolás Carvacho llegaba a Chile procedente de Nashville. Llegó persiguiendo un sueño. Su destino era San Carlos de Apoquindo, donde llegó para convertirse en… arquero del fútbol. En Universidad Católica trabajaba con los cuidavallas, por aquel entonces, Nelson Tapia. El exseleccionado alertó rápidamente de la presencia de un chico de 15 años y dos metros de estatura a su hijo Joao, a la sazón técnico de básquetbol, quien a su vez llamó a Córdoba, DT de la “Roja Sin Mangas”, que preparaba al combinado U16 para un Premundial en Maldonado. Rápidamente, pusieron en orden los papeles del proyecto de portero y lo transformaron en basquetbolista. En Uruguay, uno de los asistentes técnicos de Bahamas lo vio y, al paso de los años, lo reclutó para la Universidad de Colorado State, donde trabajaba. Y ahí, Carvacho se convirtió en “Big Chile”, convirtiéndose en uno de los mayores reboteros de la competencia universitaria.

Pero la historia de este sorprendente equipo tiene más recovecos.

Luego de ser despedido en 2012 de la “Roja” por el entonces presidente federativo Miguel Herrera, Córdoba parte a Osorno a dirigir. Ahí, capta para los “Toros” a un prospecto formado en Universidad Católica, Sebastián Herrera. El capitalino se instala a vivir con otro proyecto del club sureño, Felipe Hasse. Viviendo juntos, el dueño de casa se convence de una idea que el exUC ya tenía en mente: ser profesional del básquetbol y trascender a las fronteras.

Así, todo parece enrielarse para ambos cuando otra feliz coincidencia siguió pavimentando el camino al éxito de una generación dotada de talento y hambre.

El padre de Herrera, Ricardo, hombre del baloncesto, conocía a Jorge O’Ryan, excampeón de la Dimayor costera y expresidente de la Católica, antes de que el abogado y diplomático de carrera fuera designado como embajador en Alemania. Gracias a una conversación entre ambos, y al empuje puesto por el puertomontino, Chile fue invitado en 2014 al Torneo Albert Schweitzer, que se disputa en Mannheim, que es una especie de Mundial Sub 18 que se celebra cada dos años.

Ahí partió Córdoba con Herrera, Hasse y Carvacho. También fue el base Nicolás Aguirre, elegido como el jugador más talentoso de aquella edición del certamen. El plantel lo componían otros nombres que son parte del actual proceso de la “Roja” adulta, como el puntarenense Carlos Lauler y Diego Low. Si bien el resultado final no fue llamativo, esa selección le ganó a Francia en doble suplementario y les hizo partido a otras potencias, llamando la atención de todos los veedores. Y, de hecho, fue así como Herrera se quedaría a jugar en Alemania, donde se desempeñó hasta hace unos meses, antes de ser transferido al París Basketball.

A esa generación, se suman algunos otros más jóvenes, que en 2017 dieron a Chile el título sudamericano Sub 17, como Maxwell Lorca, Lino Sáez y, sobre todo, Ignacio Varela, quien tras un breve paso por Estados Unidos se instaló en España, donde terminó su formación en el prestigioso Estudiantes de Madrid, antes de proseguir su carrera profesional en el ascenso del básquet hispano. De esa generación es también Felipe Inyaco, quien hoy brilla en Obras de Argentina, pero que no fue al torneo del título, aunque se sumó para el Premundial posterior.

Hoy, a esos nombres que comenzaron el trabajo para Maldonado 2012, se han ido sumando algunos más experimentados, como Gerardo Isla o Franco Morales, y también algunos más jóvenes, como el ascendente Aitor Pickett, quien juega en el ascenso alemán.

Con una base de jugadores “seleccionables” más amplia que hace menos de un año, con mucha sangre nueva y varios jugando en buenos equipos europeos, con Córdoba como mentor de una generación, la selección chilena de básquetbol empieza a reverdecer laureles de décadas pasadas. Ya le ganó, por primera vez en medio siglo, un partido oficial a Uruguay. Luego, en su primera incursión panamericana -gracias a que era local -no estuvo lejos del podio. Y, ahora, vence a una Argentina estelar, algo que no ocurría en una competencia desde 1955. Casi 69 años que quedan olvidados gracias a la hazaña dominical de la “Roja Sin Mangas” en el Coliseo Antonio Azurmendy valdiviano.

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