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Succession: así se visten los realmente ricos

¿Por qué gente como Kendall o Shiv Roy, o su versión real, Mark Zuckerberg, no son íconos de moda? Fácil: porque no lo necesitan. Y esta es la razón.

Luz Lancheros, MWN

La segunda temporada de “Succession”, el fenómeno de HBO y su mejor serie hasta ahora, muestra lo que implica el lujo silencioso, una categoría solo apta para unos pocos. Roman Roy, el sarcástico hijo menor de Logan Roy –interpretado por Kieran Culkin– se burla del  atuendo de su cuñado, Tom Wambsgans (Matthew MacFadyen) al ir de marca con un chaleco de Moncler e imitar a la clase donde se mueve la familia: “Bonito chaleco; qué mullido. ¿De qué está relleno, de tus esperanzas y tus sueños?”, le pregunta. Y es que los más ricos jamás han necesitado de la validación: el atuendo habla por ellos y no necesita ni de logos ni de ostentación, solo de buenos materiales y de códigos que se notan entre los conocedores para reconocerse.

Eso es lo que la vestuarista Michelle Matland sabe a la perfección. Y, de esta manera,  ha involucrado marcas como The Row (de las gemelas Olsen), Max Mara, Tom Ford y Gabriela Hearst, entre otros, para vestir a los personajes de esta saga familiar.

—  Jeniffer Varela, investigadora de moda de MA de Fashion Studies, Parsons

Tonos discretos, cortes impecables, materiales lujosos. Nada de lo que no les hemos visto a las familias más poderosas del planeta. En el caso de la serie, incluso Matland se ha aventurado a probar marcas que solicitan estas mismas personas, como el caso de Sui Studio, que ha popularizado los pantalones anchos de Siobhan Roy (Sarah Snook), inspirados en figuras como Katharine Hepburn y Marlene Dietrich.

“En el caso de los hombres también aparecen marcas como Lanvin, y yendo hacia las jerarquías, mujeres como Gerri (J. Smith-Cameron), aparecen incluso con piezas de Oscar de la Renta y Max Mara (la han comparado con Nancy Pelosi, al llevar un abrigo-armadura idéntico), pero siguiendo el código de los más ricos: no se nota. “Los Roys son anti-bling. No necesitan presentarse en esa forma. Escogen lo lujoso, pero las marcas no cuentan. Obviamente, comprarán cosas caras, pero no necesitan posar. Puede ser un sweater de 2 mil dólares pero no necesita un logo en él o representar de dónde viene. Los Roy saben de dónde vienen. Están establecidos”, le contaba Matland a la revista Town and Country.

Obviamente, esto se aplica a las personas de su clase en la vida real: pocas excepciones llegan a ser portadas de revistas, o a destacar por su sentido excéntrico de moda, como Daphne Guinness. Ellos tienen otros códigos. Y aquí es de donde vienen.

La camiseta de Zuckerberg no la tiene cualquiera

Es de Brunello Cucinelli, una marca de lujo italiana que confecciona estas piezas en 400 dólares, aproximadamente, y también aparece en la serie.

Por su parte, Elon Musk apareció en SNL con un traje Givenchy de 4 mil dólares. Ambas piezas cumplen con una premisa básica: la discreción, de la que ya hablaba el sociólogo francés Bruno Remaury en su ensayo de 2009 “Lujo e identidad cultural norteamericana”, donde mostraba que la clase media al adquirir más bienes y más símbolos de ostentación, las clases más altas buscaron diferenciarse de maneras más discretas y reconocibles sólo entre las personas que podían adquirir sus mismos bienes.

Es lo que se llama “lujo silencioso”, donde no se muestra la moda como poder adquisitivo, sino como un producto “natural” del mismo y se diferencia por su exquisita calidad.

“En verdad, los ricos nunca han necesitado mostrar ostentación. Ostentan porque hace parte de su cotidianidad. La ostentación siempre ha sido relacionada con temas de nobles y de realeza, de gente que en esas épocas (de la época victoriana para abajo) tenía cómo hacerlo, y los demás no. Era mostrar lo que cada quien tenía. No había tintas medias. Eso cambió con la Revolución Industrial: esta cambió la estructura social, ya no existían ricos y pobres. Llegó la clase trabajadora y se vio con más poder adquisitivo y empezó a adquirir las cosas que la gente con dinero históricamente ha tenido. Por ejemplo, en los siglos XVIII y XIX no se podía comprar todo un juego de porcelana, por lo que se compraba solo una pieza. Sería el equivalente de comprarse un perfume de Chanel al no poder adquirir el bolso”, le explica a Metro la investigadora de moda Jeniffer Varela, MA de Fashion Studies, de Parsons.

“La Revolución Industrial entonces nos habla de mostrar lo que tengo a través de lo que puedo comprar. Es ahí cuando autores como Thorstein Veblen nos hablan de consumo conspicuo, un consumo que se hace con la intención de mostrar que lo compré porque tengo los medios para hacerlo”, añade.

“Ahora bien, el lujo tiene varias connotaciones, pero hay patrones comunes como técnicas milenarias y materiales de altísima calidad, así como técnicas especializadas, que son usadas por casas de moda. “El lujo no siempre implica que debe existir logos, que vienen de los años 90, Dapper Dan y el hip hop. Pero antes de eso, no existía. Por eso hay otras marcas con estos códigos, como el New Look de Dior y actualmente, Brunello Cucinelli o The Row no tienen logos, pero son lujo. El lujo es silencioso porque son cosas que le hablan a gente son iguales a las que los ostentan. Si tengo estas marcas el resto de la gente no lo sabe, pero quienes la compran sí lo saben. Por ejemplo, los ricos, que no necesitan del consumo conspicuo, porque sabemos cuánto dinero tienen. Usan prendas que le comunican a sus pares, no a nosotros, que no somos su público de interés”, añade la experta.

¿Por qué los vestidos tan “sencillos”?

Por otro lado, que Steve Jobs, Elon Musk y Mark Zuckerberg vistan de forma tan estudiadamente sencilla, tiene su doble mensaje. “Ellos nunca han estado al nivel de otros millonarios, pero quieren ser aspiracionales, para mandar el mensaje a esos jóvenes emprendedores, que todo se puede con ganas. La camiseta de Zuckerberg es conocida por muy pocos, pero le habla a la gente del lujo sencillo, pero también es un mensaje a quienes quieren seguirle para generar identificación”, explica Varela.

Prendas comunes

Ahora bien, tanto en Succession como en las revistas de farándula, usted hallará patrones. Chaquetas acolchadas, abrigos beige, gorras, pantalones caqui, chalecos también mullidos. ¿Por qué parecen ser tan comunes?

“Los chalecos son una forma práctica de mantenerse caliente en invierno para ponerse encima un abrigo elegante. Imagino que es el atractivo de este chaleco, popular en muchas marcas. Pero el tema de estas chaquetas comunican: en Succession, en el capítulo de Argestes, Kendall tiene una chaqueta de Brunello Cucinelli de forma natural, no necesita convencer a nadie de su dinero. En cambio ves a Tom, totalmente wannabe, de Moncler, costosísima, también, pero tiene un atractivo, su logo grande. Son categorías de uso. Moncler hizo una colección con Valentino y Simone Rocha supremamente ostentosas y en ese lujo también hay categorías”, enfatiza Varela.

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