Pablo y Felipe Ilabaca, nombres fundamentales para entender la música nacional de las últimas décadas, se encuentran en plena tierra derecha para soltar su segundo álbum de estudio.
Tras años de circo en bandas emblemáticas, los hermanos decidieron volcar toda su energía en este proyecto que busca rescatar la esencia de su hermandad y la potencia del sonido latino.
Durante estos meses, los artistas ya soltaron los singles “Venus en Marte”, “Señorita” y el más reciente estreno, “Redamancia”, canciones que adelantan un trabajo de largo aliento con una propuesta estética súper clara.
Pablo Ilabaca, en guitarra y voz, junto a Felipe Ilabaca, en el bajo y voz, ven esta etapa como una respuesta a una necesidad vital de expresión. Pablo explica que el origen de este grupo está en el lazo familiar: “Este proyecto nace de nuestra hermandad del cariño que nos tenemos, del fiato que tenemos como profesionales, de ser una dupla de compositores”.
La trayectoria de ambos es de larga data, partiendo muy cabros con Chancho en Piedra y luego siendo piezas clave en 31 Minutos, donde Pablo destacó como el compositor principal de esos himnos que marcaron a medio Chile.
La pasada hacia este segundo disco se da en un momento donde la industria musical corre a mil por hora. Los hermanos optaron por una estrategia de lanzamientos mensuales para conectar con la gente de forma más dinámica antes de mostrar la obra completa.
Felipe Ilabaca detalla que el desafío de esta nueva producción está en estirar sus propios límites creativos: “Quizás lo más difícil para un artista es hacer su segundo álbum, porque es la demostración de si puedes hacer algo aún mejor de lo que hiciste antes”. Para ellos, la mecha que enciende todo son las problemáticas sociales de hoy y las ganas de cuidar la humanidad en tiempos de pura desconexión.
Sobre el sonido, el nuevo material le hace finta a las etiquetas simples para abrazar una mezcla de estilos. Los Ilabaca definen su onda como un cruce de psicodelia, soul y funk con una raíz latinoamericana súper marcada. Sobre el single “Redamancia”, Pablo cuenta que es un tema “psicodélico, potente, fulgoroso” y agrega que el disco entero tendrá una energía “bailable, pero consciente”.
Esta mezcla busca tirar un mensaje desde el sur del continente hacia afuera: “Cantar en español hoy en día con actitud de rock o con actitud de funk es algo urgente. Creo que al mundo le falta también un ‘zamarreo’ en ese aspecto y mandar un mensaje desde Sudamérica”, sostiene el músico.
Esta sinergia se traduce en una obra que, pese a la rapidez del mercado actual, va a mantener el formato de álbum conceptual con ediciones en vinilo, CD y cassette. “Nunca vamos a dejar de hacer álbum. Estas canciones son sencillos que van saliendo de a poco, pero el finquito es un álbum entero con un concepto, con un arte”, puntualiza Pablo.
El legado de 31 Minutos sigue ahí, presente en la memoria colectiva con temas como “Mi muñeca me habló” o “Yo nunca vi televisión”. Felipe reflexiona sobre por qué estas canciones no pasan de moda: “La música tiene una cualidad que cuando uno hace las cosas con el corazón bien hechas, con un plan maestro y excelente, la música no tiene fecha de caducidad”. Con esa misma volada, el dúo busca que su nuevo proyecto entregue luz en momentos que se ven oscuros socialmente.
El camino hacia el disco definitivo sigue con nuevos estrenos en el hori
zonte. Los músicos invitan a sus seguidores a ponerle oreja a las letras de esta etapa, la cual definen como el “vergel del mundo”. Tras los éxitos anteriores, los hermanos Ilabaca apuestan por la madurez y esa conexión que solo décadas de tocar juntos pueden dar.
