Tres veces pisó la Quinta Vergara la comediante Natalia Cuevas, quien se presentó en 2001, 2003 y 2004 en el Festival de Viña del Mar. Si bien las dos primeras veces, ella se ganó al Monstruo, para la tercera no tuvo la misma suerte y es recordado como un fracaso. Tuvieron que pasar más de diez años para que una mujer comediante volviera al certamen.
En una entrevista en el podcast “Más de ti”, Natalia recordó cómo fue para ella esta última experiencia en la Quinta Vergara. “La tercera vez no estaba preparada, no me sentía físicamente bien, no me sentía emocionalmente bien y estaba muy sola también. Me sentí muy sola”, confesó.
“Yo creo que una persona para subirse al escenario de Viña del Mar, o cualquier otro escenario de esa envergadura, tiene que estar preparada físicamente, psicológicamente, emocionalmente y profesionalmente. No puedes subirte con el puro talento”, reconoció la comediante.
Sobre cómo se sintió después de esa accidentada presentación, Natalia dijo que le provocó “mucha vergüenza, obviamente. Yo creo que el ego es una de las cosas que más afecta, pero sinceramente pienso que al principio fue muy doloroso”, complementó.
Después de la tormenta, sale el sol
A pesar de este traspié, Natalia reveló cómo se pudo volver a levantar por el cariño de la gente, quien siempre la recibió con mucho afecto, desde la prensa hasta el público.
Ella recuerda con emoción un episodio que vivió a las semanas de haberse presentado hace más de 20 años en la Quinta Vergara. Era el 8 de marzo, el Día de la Mujer, y tuvo una presentación en una comuna popular, no recuerda bien si fue en La Granja o La Pintana. El recibimiento fue abrumante.
“Fue en un estadio donde había una grada con 5000 mujeres. Salí e hice mi presentación normal, yo venía con una pena, cansancio, muy emocional. Hice mi rutina, mis imitaciones, todo normal y recibí una ovación de 5000 mujeres”, recordó.
Lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de la comediante, quien admitió que “me emociono mucho cuando me acuerdo. Fue como un abrazo de la mujer hacia mí, hacia mi trabajo y decir: ‘bueno, esto fue un accidente y te seguimos queriendo como siempre’ y me puse a llorar”.
Eso sucedió en un momento en que las emociones negativas inundaban el pensar de la comediante, quien se sentía despreciada, avergonzada, responsable por el fracaso e incluso con ganas de desaparecer.
Esta inyección de cariño llegó en el momento preciso, a semanas de Viña del Mar. “Me levantó el puro cariño de la gente y yo dije: ‘ya, listo, el mundo no se ha terminado, sigo adelante, sigo luchando y sigo trabajando para la gente que me quiere y punto’”.
“Fue un episodio triste, pero que no trascendió mayoritariamente. Algunas personas, las que me siguen siempre se acuerdan, pero la verdad es que no fui soberbia, que yo creo que es el pecado más grande que cuando tú tienes cualquier fracaso en la vida. Yo pienso que uno tiene que aprender de la caída, del fracaso y tiene que levantarse”, reflexionó.
Ella cerró diciendo que “la gente no te ve por el fracaso, la gente te ve con qué fuerza te vuelves a levantar. Es un poco cliché, pero es así la vida”.
