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Jardín Marcel, cuatro décadas entregando la flor justa en el momento necesario

Con más de 45 años de trayectoria en la Ciudad Jardín, este negocio familiar ha cumplido sagradamente con su clientela en plena pandemia y en las cuarentenas que pusieron en jaque a muchos emprendimientos entregando sus arreglos y coronadas. La determinación de su mandamás ha sido fundamental para crear una marca de calidad y de cercanía que florece día a día.

A un costado de la Iglesia Las Carmelitas, en plena avenida Libertad de Viña del Mar, se ubicaba Jardín Marcel. En aquel lugar Ema Middleton comenzó “de rebote”, según explica, la que es hoy una tradición bien ganada como florista.

“El cura de la Iglesia Las Carmelitas de ese tiempo (a principios de los ‘80) quiso ayudar a una señora y le pidió ayuda a mi marido, porque él era un profesional de las flores. La señora no aprendió mucho y yo sabiendo bien poco comencé a aprender, y me quedé. Ya llevó más de 45 años trabajando en esto”, recuerda orgullosa Ema Middleton.

En paralelo Ema ganó una concesión para poner un puesto en el cementerio Parque del Mar. “Fue una época brillante. En ese instante, además de hacer ramos, la gente me empezó a contactar para que yo misma fuese a dejar flores a las tumbas de sus difuntos. Ahí comencé a entender que tener un enfoque más personalizado me daría un sello ya que la competencia era bien fuerte”, rememora sobre aquel momento en la conversación con Esfuerzo Pyme y Publimetro.

Sin marchitarse

Los buenos tiempos de Ema sufrieron dos reveses muy fuertes: primero, enviudó y a los meses no pudo retener la concesión en aquel lugar estratégico. Sin embargo, nunca perdió la esperanza. Desde entonces hasta el día de hoy Jardín Marcel se encuentra ubicado a las afueras del mencionado cementerio, a un costado del Camino Internacional, en la comuna de Concón. Y ahí trabaja junto a sus hijas Denisse y Dominique, está última encargada de la confección de los adornos florales.

Su buena relación con su clientela, forjada durante años, le permitió generar una confianza especial gracias a un servicio especial que entrega desde hace ya 25 años. “Mucha gente va a comprarnos presencialmente, pero muchas nos llaman y nos piden que vayamos a dejar flores y arreglos a las tumbas de sus difuntos. Hay clientes que durante años nos siguen encargando hacer esto. Nosotras estamos centradas ahora en entregar este servicio”, precisa Denise Deglin, hija de Ema y administradora del emprendimiento familiar junto a Dominique.

- ¿Cuál es el cliente al cual le entregan este servicio hace más tiempo?

Ema: A un empresario fallecido muy conocido de la región, que se le dejan flores hace 20 años en su tumba todos los viernes. En este caso, su familia encarga un arreglo que es un cojín de rosas rojas ecuatorianas. Debe tener doce rosas, siempre debe tener la misma cantidad. El día de Todos los Santos y de su cumpleaños, se ponen 24 rosas.

Pandemia y cambio climático

El contexto que vive el mundo y el país ha sido aún más complejo para Jardín Marcel. Por una parte, por la pandemia y las cuarentenas perdieron una gran cantidad de flores porque no se podían entregar. Dicha situación, Ema, logró revertirla debido a un permiso que logró obtener para continuar sus sagrados repartos de los viernes.

“Empezaba mis rondas a las 11 de la mañana con todos los arreglos. En ese recorrido, también están incluidos las tumbas de mi marido, mi madre y de mi padre”, recuerda emocionada.

En tanto, otro factor que tiene complicado al rubro de los floristas es el cambio climático ya que la falta de agua en gran parte del país ha tenido un impacto negativo en la producción. “Las flores se le ve más secas y se nota. Esto genera también que aumenten las plagas y que aumenten los precios. Es bastante complejo para toda la cadena en la cual somos la última etapa”, explica Ema Middleton.

- ¿Cuál es su estrategia para mantener clientes y atraer a nuevos?

Denise: Cómo hay tanta competencia tratamos de destacar la calidad de las flores y el trato con los clientes. Siempre llegan tristes y a la defensiva. Hay que tener una gran capacidad de poder comprender los momentos que viven las personas que acuden. A veces es triste, porque escuchas muchas historias, pero también es enriquecedor, porque se observa la reacción de los clientes cuando les entregamos los productos.

- ¿Cómo ha sido el proceso de emprender y sostenerlo durante tanto tiempo?

Ema: De mucho esfuerzo y responsabilidad. La competencia ha sido muy fuerte. Aún mantengo mi clientela, pero para llegar a mi edad y mantener el prestigio hay que trabajar mucho. En el mundo de las flores hay que ser honesto. Para mí, es un orgullo poder conservar aún mi prestigio. Ahora, poco a poco, mis hijas me han ido echando para el lado, jajajá, pero feliz y orgullosa de eso.

-- ¿Cree que es más fácil emprender hoy, en relación, a cuando usted lo hizo?

Ema: Ahora es mucho más difícil el proceso de emprender. Cuando empezamos, trabajábamos con un invernadero, tengo que vender o producir flores, ahora sería muy difícil hacer ambas. El cambio climático es un gran determinante. Cuando comencé, las flores tenían un ciclo de producción más estable. Ahora es más complejo.

- ¿Hay algo que hubiese cambiado desde que comenzó este negocio?

Ema: Nunca debería haber hecho venta y producción. El que mucho abarca poco aprieta como se dice. Debí haberme enfocado en lo uno o en lo otro. Tuve un campo para cultivar y lo tuve que vender, fue una mala decisión. También asumo que soy de poco delegar. Eso sí, siempre estaré agradecida de las flores porque gracias a ellas pude educar a mis hijos.

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