Estilo de Vida

Malory Moreno, la tatuadora que inspira y trabaja por un mejor país para todas y todos

Esta es la historia de una de las primeras mujeres en destacar en el mundo del tatuaje en Colombia, por tener su propio estudio y una propuesta artística definida.

Desde el 2020, en el barrio Galerías en Bogotá, detrás de un portón negro de metal, en el quinto piso, queda en estudio de tatuajes llamado Alebrije –como los espíritus que cuidan a los muertos y a los vivos en México–. Su artífice y dueña es una mujer joven, bogotana, apasionada, sensible, altruista, luchadora, soñadora, feminista, activista, ilustradora y para muchos, una de las mejores tatuadoras de Colombia.

Hace 26 años nació Malory Moreno en la capital de Colombia. Desde niña siempre soñó con ser artista. Le gustaba el dibujo y las artes escénicas, como la danza y el teatro. Quiso entrar a la ASAB, la facultad de arte de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, a estudiar danza o artes plásticas, pero por cosas del destino que en ese momento no contemplaba –un paro estudiantil–, terminó estudiando diseño gráfico en la CUN (Corporación Unificada Nacional de Educación Superior).

A Malory la conocí en Alebrije el viernes primero de abril. Un día hermoso en Bogotá, de cielo abierto, soleado y un tanto caluroso, perfecto para una buena charla.

Cuando entré al estudio nos reconocimos al instante. Nos saludamos y me invitó a pasar a la sala; un espacio acogedor, con sillones, una mesa de centro, un muro con jardín vertical y un letrero neón que dice: “Siempre hay espacio para otro tatuaje”.

Le pregunté cómo inició su camino en el gremio del tatuaje. Me contó que había sido en el 2015 gracias a un novio y a un grupo de amigos de la universidad que “creyeron en ella”, en su talento y le enseñaron a trabajar sobre la piel. “Ahí empecé a enamorarme de esto, pero también me di cuenta que era un gremio de solo hombres, un gremio muy cerrado, porque no había chicas referentes acá en el país o si había eran muy, muy pocas”, aseguró.

Suflanda, una tatuadora europea, fue su inspiración y primer referente femenino. Verla, ver su trabajo, fue lo que necesitó para creer que sí era posible posicionarse en el gremio. Sobre ello apuntó que, lastimosamente, debido al machismo, a la educación que recibimos y a nuestra cultura en general, “de pronto, si una no tiene un referente mujer, piensa que no es posible. Esa era mi mentalidad cuando era pequeña”.

Pasó un año mirando a otros tatuar antes de atreverse a tomar una máquina. Un año y medio más para apropiarse de la práctica y, mientras lo hacía, visitó una convención de tatuajes en Bucaramanga. Durante el evento conoció a otras dos mujeres tatuadoras; con una de ellas trabaja hoy en día en diferentes proyectos socioculturales.

Para la misma época participó en una de las convenciones de tatuajes más importantes en Colombia, el Tattoo Music Fest en Bogotá. Compitió contra hombres y mujeres y ganó el primer puesto en la categoría libre. Para ella, esto fue extraño, porque en el mundo del tatuaje, todavía el porcentaje de mujeres frente a los hombres era mínimo, no había más de 5 tatuadoras en la ciudad.

Participar y ganar el festival le trajo reconocimiento y crecimiento. Le ofrecieron trabajar en Art de Rue Tattoo, uno de los estudios más conocidos en Bogotá. Allí estuvo un año y medio.

Luego, y hasta el año de la pandemia (2020), trabajó en el top número uno de los estudios en Colombia: La Emergente. En este lugar “me di cuenta que el tatuaje no solamente es tatuar bonito, sino que es un oficio en el que hay que integrar un montón de saberes, entre ellos el servicio al cliente, la organización, la administración del dinero, la fotografía, la inteligencia emocional, ser mánager… me di cuenta que el oficio no solamente depende de mi trabajo, puedo ser buena pero si no soy íntegra no es posible triunfar. Es un oficio muy exigente y, definitivamente, hay que estar muy preparada”.

Entre mujeres, niños y animales

En esos primeros años de La Emergente se empezaron a concretar distintas ideas e iniciativas culturales y sociales enfocadas en mujeres, niños, niñas y animales en condición de calle.

Malory, junto a otras mujeres poderosas, entre ellas tres tatuadoras, una perforadora y una trabajadora social, fundaron Animal Ink. Un colectivo animalista en esencia, que ha logrado agrupar en varias ocasiones y en un mismo espacio a artistas de diferentes ramas como la danza, el teatro, el circo, el grafiti, la música y, por supuesto, el tatuaje, con el objetivo principal de reunir fondos para jornadas de esterilización de perros y gatos callejeros que transitan algunos barrios de la localidad Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá.

Contó Malory que al año se hacen dos o tres jornadas y en cada una se hacen alrededor de 120 esterilizaciones. En ocasiones incluso han podido hacer jornadas de bienestar animal en las que bañan y alimentan a los animales e incluyen talleres con los niños y niñas del sector para enseñarles sobre el cuidado y la protección de los perros y gatos en condición de calle.

“Ahí aparece algo muy bonito también. Hemos estado en capacitaciones con la Secretaría de Salud y con la Alcaldía, y te puedo decir que un 80% de las personas que están activas en este tipo de iniciativas somos mujeres”, dijo. Prosiguió contando que en ese proceso conocieron a las creadoras de la fundación Arca Luminosa –la mejor de Colombia y hasta del mundo según ella–, un colectivo que hace esterilizaciones y ayuda a niños y niñas en otras ciudades del país como San Andrés y La Guajira. Con ellas y otras mujeres se empezaron a gestar diversos espacios de mujeres.

Ha sido una sorpresa para mí que haya tantas chicas que conformen estos movimientos, aunque no debería sorprenderme porque sé que las mujeres tenemos capacidades brutales

—  Malory Moreno.

Así entonces, con el apoyo de otras artistas y de dos mujeres que se están formando como feministas radicales, se formalizó el círculo de mujeres con sede en su estudio Alebrije. Con un enfoque cultural y educativo, su objetivo es explicar a otras mujeres esos términos feministas que pueden no ser tan digeribles para algunas personas, los diferentes movimientos y desmitificar o romper creencias limitantes como, por ejemplo, “no se puede convivir con la otra o necesitamos regularnos por la energía masculina”, explicó nuestra artista.

La puerta de Alebrije está abierta para todas las mujeres que quieran participar y aportar. El próximo encuentro será el domingo 24 de abril.

Un día lo sueña y al otro, lo hace posible

Malory está orgullosa de su trabajo y del trabajo que desempeñan las mujeres en los proyectos comunitarios en Colombia. Está orgullosa, también, de poder apoyar a otros artistas brindándoles un espacio en su estudio para que así puedan tener una mejor calidad de vida.

Sueña con que cada vez haya más mujeres en el gremio del tatuaje, con que los clientes entiendan por fin que tanto hombres como mujeres, aún con sensibilidades distintas, tienen las mismas capacidades para tatuar; y con viajar por el mundo dejando una parte de su ser y su huella artística en la piel de millones de seres humanos.

Pronto, a mitad de este año, Malory partirá hacia Nueva York, Estados Unidos, pues en diciembre visitó este lugar y conoció a un tatuador a quien le encantó su trabajo y le propuso ser su patrocinador en la capital del mundo. ¡Aplausos para ella, porque lo sueña y lo hace posible!

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