El verano es sinónimo de descanso, viajes y mayor vida social, pero también concentra situaciones que pueden aumentar los riesgos de explotación sexual de niños, niñas y adolescentes (ESNNA). Viajes, eventos masivos, menor supervisión adulta y un uso más intensivo de redes sociales forman parte de un escenario que exige mayor atención y prevención, advierten desde Fundación Ciudad del Niño.
El llamado se da en un contexto de alza sostenida de las denuncias por explotación sexual infantil en el país. Según datos del Observatorio de Derechos de la Defensoría de la Niñez, elaborados a partir de información del Ministerio Público, la tasa nacional de víctimas pasó de 21,89 por cada 100 mil niños y adolescentes en 2022 a 37,90 en 2024, lo que representa un aumento de 73,2% en solo dos años.
En paralelo, el dato parcial de 2025 refuerza la alerta: hasta octubre se registraron 1.560 víctimas a nivel nacional, una cifra muy cercana al total de 1.691 casos contabilizados durante todo 2024, lo que confirma que el fenómeno no muestra señales de retroceso.
Cinco claves para reducir los riesgos durante el verano
Frente a este escenario, Fundación Ciudad del Niño entregó cinco recomendaciones clave para reforzar la prevención durante el período estival, dirigidas tanto a niños, niñas y adolescentes como a padres y cuidadores.
- Cuidar lo que se comparte en redes sociales. Evitar publicar fotos, videos o la ubicación en tiempo real. Compartir esta información puede facilitar contactos no deseados.
- Desconfiar de regalos, invitaciones o favores. No todo intercambio implica dinero. Ofrecimientos de regalos, traslados o “ayuda” pueden ser una forma de generar control o manipulación.
- No irse con personas desconocidas. Aunque parezcan cercanas o hayan sido contactadas por redes sociales, es clave no aceptar encuentros ni traslados sin el conocimiento de los padres o cuidadores.
- Mantener contacto y supervisión adulta. Padres y cuidadores deben saber dónde están los niños y adolescentes, con quién se encuentran y cómo ubicarlos.
- Evitar contextos de riesgo. Reducir la exposición a espacios con consumo de alcohol, baja supervisión o alta circulación de personas, especialmente en eventos masivos.
Y atención a señales de alerta. Cambios bruscos de conducta de niños, niñas o adolescentes, acceso a bienes que no podrían obtener por sí solos, mayor sexualización, uso intensivo y sin supervisión de redes sociales o la presencia de adultos que entregan beneficios de manera poco clara pueden ser señales de riesgo. Ningún indicador es aislado: es clave observarlos en conjunto y estar disponibles para escuchar.
Los expertos advierten que no todos los casos se denuncian, ya sea porque las víctimas no logran identificar lo que viven como un delito o por temor a las consecuencias, por lo que las cifras conocidas podrían representar solo una parte del fenómeno.
