El artista alemán Benoît Maubrey ha dedicado más de cuatro décadas a transformar altavoces desechados en esculturas monumentales e interactivas.
A inicios de los años 80, el artista alemán Benoît Maubrey abandonó la pintura tradicional al considerar que el lienzo no le permitía activar el espacio de la forma que buscaba: a través del sonido.

Desde entonces, sus obras —en forma de templos, barcos, obeliscos o muros— se construyen con miles de bocinas recicladas provenientes de mercados, calles y centros de reciclaje, siguiendo una lógica que él mismo define como una “democracia de ohmios”.
Las esculturas de Maubrey no están hechas para contemplarse, sino para usarse. Los visitantes pueden hablar, cantar o reproducir música conectando sus dispositivos, convirtiendo cada instalación en una plataforma abierta de expresión colectiva.
“No creo en la utopía, sino en la fantasía, la diversión y la imaginación”, señala el artista alemán Benoît Maubrey.

Este enfoque transforma el espacio público en un punto de encuentro donde cualquiera puede participar sin restricciones, haciendo del arte una experiencia compartida y dinámica más que un objeto estático.
Más allá de su funcionamiento técnico, cada altavoz reutilizado aporta una carga emocional: una huella del tiempo de uso que evoca recuerdos y familiaridad. Esto invita a las personas a acercarse e interactuar, reforzando la idea de comunidad.
La visión del artista refleja el núcleo de su obra: abrir espacios donde la creatividad humana, el juego y la comunicación sean los verdaderos protagonistas.
