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El Chile del millón de inmigrantes en la fuerza laboral

El porcentaje de extranjeros con empleo es mayor que el de los chilenos y es menor en labores informales. Acceder a las visas, homologar títulos y el temor a la autoridad complican la integración.

Un millón 960 inmigrantes con trabajo hay en Chile, de acuerdo a las cifras que la semana pasada hizo públicas el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que en su parte medular mostraba una mejora de los números de empleo.

Por primera vez, el número de extranjeros con trabajo en el país es de siete cifras, un alza que se venía dando constantemente en los últimos años. El hito anterior, el del medio millón, se había dado en 2017.

Para Manuel Hidalgo, vocero de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes, “la cifra de ocupación de trabajadores migrantes en Chile es satisfactoria. Es más, la tasa de desempleo es inferior al que rige a la fuerza de trabajo. La población migrante logra encontrar empleo y lo que es importante es que su tasa de trabajo informal es similar a la chilena”.

De acuerdo a un estudio del Servicio Jesuita Migrante (SJM), con datos de la última Encuesta Casen, entre 2017 y 2020 disminuyeron las tasas de ocupación de la población migrante, de 75% a 68% y había aumentado la desocupación, de 8% a 10%, pero el dato relevante es que en ambos casos, presenta mejor porcentaje de ocupación que la población general en Chile.

Eso se explica porque “el carácter laboral es la motivación inicial de la migración y necesario para establecerse”, explica Juan Bravo en un estudio para la UDP, citado por el SJM, que también desecha la idea de que la informalidad laboral se centre en inmigrantes, pues las diferencias porcentuales no eran significativas (24% los extranjeros y 28% los chilenos).

El millón de trabajadores que se ha integrado a la fuerza laboral nacional no ha tenido, eso sí, una labor fácil. De acuerdo a Francisca Vargas, directora de la Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados de la UDP, “el principal problema que tienen los extranjeros es obtener visados en los tiempos necesarios para acceder a un empleo. Muchas veces no son contratados o se ven forzados a trabajar en la clandestinidad”.

En este caso, agrega Lya Rojas, directora de Rojas Abogados, “se cometen abusos con los extranjeros que no se encuentran de manera legal, porque no pueden denunciar por miedo a ser deportados. Pero la ley protege al trabajador sin distinción de ser chileno o extranjero”.

La regla general de prohibición de cambio de categoría migratoria es muy perjudicial, pues incluso los obliga a viajar a su país a regularizar su situación, añade Francisca Vargas, quien señala que “esperamos que la autoridad actual pueda cambiar esto y las personas puedan buscar trabajo en igualdad de condiciones”.

Atractivo para trabajar pese a que no se ejerza la profesión

Desde que comenzó la etapa más reciente de la migración, hay un fenómeno que se repite con recurrencia: que los extranjeros tengan que trabajar en labores muy distintas, la mayoría de las veces de menor jerarquía, que la profesión que ejercían en sus países. Eso podría tener un remedio.

Desde la Coordinadora Nacional de Inmigrantes, Manuel Hidalgo explica que “los extranjeros en ocasiones no logran trabajar en los rubros para los cuales tienen calificación técnica o profesional. Diría que un porcentaje significativo se ocupa en rubros para el que está sobrecalificado”. El vocero indica que esto se debe a “las dificultades económicas y también de tiempo como para poder convalidar los títulos. Este era un proceso costoso que solo hacía la Universidad de Chile, pero entiendo que una nueva ley abrió esta función a otras universidades”.

Según el estudio de SJM, aunque se da una mayor participación laboral porcentual en migrantes que en chilenos, “los ingresos en la ocupación principal disminuyeron 14,3% para trabajadores migrantes entre 2015 y 2020, mientras que para chilenos se incrementaban 23,1%”, lo que se debería “al aumento de la fuerza laboral migrante con educación superior que no pudo acceder a empleos acordes a esas calificaciones”.

De todas maneras, asegura Hidalgo, aunque “Chile ha tenido una baja en la generación de empleo y se percibe que es difícil encontrar un buen trabajo”, sigue siendo un destino atractivo para radicarse y trabajar. “Sí se percibe que hay menos informalidad que en otros países y una institucionalidad laboral y de derechos sociales, pese al neoliberalismo imperante. Y la otra ventaja es la diferencia cambiaria, porque aunque se reciba un sueldo mínimo de 350 mil o 400 mil pesos, eso es cerca de 450 dólares, y si un migrante envía 100 o 150 dólares a Ecuador, Colombia, Venezuela, principalmente, tienen allá una importante capacidad adquisitiva”, cierra Hidalgo.

Rita Lages de Oliveir: “El racismo en Chile no parte ahora, es estructural”

Abogada, académica F. de Derecho U. de Chile, miembro del C. Directivo de Cátedra de Racismos y Migraciones Contemporáneas.

¿Ha ido cambiando la percepción de los chilenos respecto de los trabajadores inmigrantes? Cuando un país se enfrenta a un aumento de la migración, en un primer momento la actitud es defensiva, con una narrativa racista y xenófoba, pero a medida que la gente conoce los beneficios de una sociedad diversa racial, cultural, etc., las actitudes pueden cambiar. Para mejor.

¿Cuál es la labor del Estado? El racismo en Chile no parte ahora, es de mucho antes, estructural. La migración solo visibiliza discursos racistas que ya estaban gestándose internamente. Se deben involucrar ministerios, desde Educación a Desarrollo Social, y otros, e introducir una cultura de derechos. Los Derechos Humanos también son para los migrantes, ya sea en su calidad de trabajadores, estudiantes u otros.

¿Son valorados? Los migrantes tienen más años de escolaridad que los nacionales, eso hace que los trabajadores migratorios puedan ser una mano de obra bastante productiva y positiva para el mercado nacional, que demanda por esa mano de obra necesariamente ocupada por personas extranjeras, dado el vacío que pueda existir en el mercado laboral interno.

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