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Salud mental escolar: 39% de los estudiantes cree que quienes sufren maltrato sienten miedo de ir a la escuela

A esto se suma que más del 50% ha presenciado o compartido violencia digital y que la discriminación por “pensar diferente” aumenta en las aulas.

Sala de clases
Sala de clases Pixabay

Las vacaciones suelen reducir la supervisión adulta mientras aumenta el uso autónomo de internet, dejando a muchos estudiantes sin contención emocional en un periodo de mayor exposición digital. Este contexto coincide con indicadores recientes reportados por comunidades escolares: un 39% considera que una víctima de maltrato siente temor de asistir al colegio y un 10% asocia estas experiencias con ideación suicida, cifras que representan una alerta inmediata para los equipos de convivencia y de salud mental.

“Muchos niños atraviesan cambios emocionales que pasan inadvertidos para los adultos. El maltrato y la exposición en redes pueden escalar rápidamente si no se detectan a tiempo”, advirtió Mari Navarro, especialista en innovación en Salud Digital y CEO de Edumokia.

La normativa vigente —incluida la Ley 20.536 y los lineamientos del Ministerio de Educación— obliga a los establecimientos a activar protocolos de derivación cuando existe riesgo vital.

El maltrato, además, presenta nuevas expresiones. Según los datos recopilados, un 24% de los estudiantes cree que quienes piensan distinto a la mayoría son los más expuestos a agresiones, mientras que un 17% identifica discriminación por peso. Esto evidencia un cambio sociocultural donde la intolerancia ideológica gana terreno y desafía la implementación de políticas como la Ley Zamudio y el Plan de Formación Ciudadana.


Acompañamiento a los niños

En el plano digital, un 52% reconoce haber visto o compartido contenidos burlescos sobre compañeros. La violencia online se normaliza, incluso fuera del horario escolar. Por ello, normativas como la Circular 482 instruyen a los colegios a intervenir también en hechos ocurridos en internet cuando afectan la convivencia, reforzando la necesidad de involucrar a las familias.

A esto se suma una brecha en la percepción de autoridad: un 41% atribuye la mala convivencia a la falta de respeto a normas y diálogo, pero solo un 20% cree que las medidas disciplinarias se aplican de manera efectiva. Esta disonancia erosiona la confianza en la escuela y desalienta la denuncia, pese a las obligaciones establecidas en la Ley de Inclusión y en los procedimientos de debido proceso.

“Las familias enfrentan más riesgos y menos herramientas para acompañar a sus hijos. Muchos niños no verbalizan lo que sienten y eso dificulta la contención. Con información temprana, los padres pueden intervenir antes y evitar que el problema se agrave”, agregó Navarro.

Ante un verano marcado por mayor exposición digital y señales emocionales críticas, los especialistas advierten que la prevención no puede esperar al regreso a clases. Tecnologías como Edumokia permiten monitorear el clima emocional, identificar riesgos en tiempo real y entregar insumos útiles a docentes y equipos psicosociales, facilitando respuestas más oportunas y un retorno escolar más seguro para toda la comunidad educativa.

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