El 3 de enero, Estados Unidos lanzó la operación militar “Resolución Absoluta” en Venezuela, que incluyó ataques aéreos y la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos relacionados con narcotráfico, corrupción y otros delitos.
Este operativo se desarrolla en medio de tensiones acumuladas tras unas elecciones de 2024 ampliamente cuestionadas y las constantes acusaciones por parte del gobierno estadounidense de narcoterrorismo y de haber convertido a Venezuela en un “santuario” para el crimen organizado.
Analistas señalan que, aunque la captura de Maduro no representa el fin total del chavismo, puesto que el régimen podría persistir con figuras leales, sí marca un “antes y después” en la crisis venezolana con posibles impactos significativos en la estabilidad regional.
Celebraciones masivas: La felicidad de muchos venezolanos
En diversas ciudades dentro de Venezuela y en la diáspora venezolana (incluyendo Estados Unidos y España), se han reportado celebraciones multitudinarias. Miles de personas salieron a las calles con banderas y cánticos, manifestando un júbilo colectivo por lo que muchos describen como el fin del yugo del socialismo, asociado en su narrativa con hiperinflación, hambre, represión y narcoterrorismo en los últimos años.
Venezolanos en el exilio en Washington DC y Madrid expresaron públicamente su alegría: “Estamos superfelices porque ya Venezuela es libre”, dijeron varios participantes de las manifestaciones. Figuras opositoras como María Corina Machado y encuestas previas de 2025 señalaban que una parte significativa de la población depositaba esperanzas en una intervención externa para debilitar a Maduro.
Líderes regionales como Carlos Felipe Mejía de Colombia celebran este suceso como un paso hacia la democracia y una señal contra los llamados “narco neocomunistas”. En redes sociales, publicaciones virales sostienen que “el 99% de los venezolanos están felices” con la operación, destacando además que no se han reportado daños masivos a civiles durante el operativo.
Críticas a la intervención estadounidense
Por otro lado, la intervención ha generado condenas internacionales por parte de gobiernos de izquierda, activistas antiimperialistas y sectores del chavismo. En la ONU, Brasil manifestó que rechaza “con vehemencia” la intervención armada, argumentando que pone en riesgo la paz regional.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su rechazo a cualquier intervención militar, y en Ciudad de México se han organizado marchas con consignas pidiendo la liberación de Maduro y Flores, calificando la acción como “intervención imperialista”. Similar postura adoptan grupos en Chile y Argentina, donde sindicatos han convocado a protestas en rechazo a la operación.
Dentro de Venezuela, también se han registrado manifestaciones antiestadounidenses, con miles exigiendo “manos fuera de Venezuela” y la liberación de los detenidos.
Voces críticas y narrativas alternativas
En redes y plataformas públicas, se han difundido mensajes que enfatizan intereses geopolíticos y económicos detrás de la acción, más allá de motivos humanitarios. Voces de todos los ámbitos se han pronunciado, por ejemplo, el comediante Gabriel Bonilla (@gabonillad) publicó un video en TikTok donde enumera una serie de cifras sobre derechos humanos, pobreza y censura en Venezuela, acompañado del mensaje:
“Y recuerda, los venezolanos no estamos felices porque hayan bombardeado Caracas ni mucho menos porque haya sido Trump o Estados Unidos lo que lo hicieron… ¿Se entiende? 2 + 2 son 4, esto es empatía.”
