Se perdió todo. Así resume David Salazar lo que ocurrió en el sector Miramar, en el cerro Rahue de la comuna de Penco, cuando su casa —recién terminada tras diez años de construcción— fue consumida por los incendios forestales que arrasaron con Lirquén. La vivienda, que había sido entregada por los maestros ese mismo sábado por la tarde, desapareció en cuestión de horas, dejando a una familia completa sin hogar y sin pertenencias.
El fuego llegó cuando ya caía la noche. Durante la tarde, todo estaba listo para empezar una nueva etapa. Incluso había un almuerzo planeado para celebrar la entrega de la obra junto a quienes la construyeron. Pero ese plan nunca ocurrió. El incendio avanzó con rapidez por el cerro y redujo a cenizas la casa que había sido levantada pieza por pieza durante una década.
“Alcancé a poner una cortina y después ya nada más”, relató David en una entrevista concedida a 24 Horas, donde contó que no hubo tiempo para salvar muebles, ropa ni recuerdos. Solo alcanzaron a salir antes de que el fuego lo consumiera todo.
Diez años de esfuerzo borrados en una noche
La casa no era un proyecto reciente ni improvisado. David y su familia llevaban diez años ampliándola con esfuerzo propio: una habitación más cuando se podía, un segundo piso cuando alcanzaba, mejoras hechas lentamente hasta convertirla en el hogar definitivo. Por eso, la pérdida va mucho más allá de lo material. Se trata del colapso de un sueño construido durante años.
En medio del desastre, la familia no se quedó paralizada. Mientras la ayuda institucional aún no llega hasta ese punto del cerro, la respuesta ha venido desde la gente. Familiares que viajaron desde Tomé, vecinos, amigos y compañeros de trabajo comenzaron a acercarse para ayudar a limpiar el terreno y preparar la reconstrucción.
La reconstrucción ya empezó sin esperar al Estado
El primer paso ya está dado: el radier está listo. Esa base de cemento permitirá que, en pocos días más, comiencen a levantarse nuevamente los muros de la casa. Lo que hoy necesitan es claro y concreto: madera, zinc, clavos y materiales de construcción para volver a empezar.
Todo lo que han logrado hasta ahora ha sido con recursos propios y con una iniciativa que refleja el empuje de la familia: la venta de completos. La esposa de David y otros familiares comenzaron a vender completos en Tomé para reunir dinero y comprar los materiales básicos que les permitan reconstruir su hogar.
“Somos hijos del rigor”, dice David. Una frase que retrata una forma de enfrentar la tragedia sin quedarse esperando:
“Nos caímos una vez, nos paramos tres. Nos caímos otra, nos paramos cuatro”
En medio de uno de los episodios de incendios más duros que ha vivido la región del Biobío, su historia se convirtió en el rostro humano de la catástrofe.
