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La permanente brecha en el sistema escolar chileno: Hasta un 48% de estudiantes no comprende lo que lee

Especialistas apuntan a cambios en los hábitos, el uso intensivo de contenidos digitales y falencias en el modelo educativo como factores que afectan la comprensión lectora en escolares.

Hasta un 48% de estudiantes no comprende lo que lee: la permanente brecha en el sistema escolar chileno
Hasta un 48% de estudiantes no comprende lo que lee: la permanente brecha en el sistema escolar chileno (yanlev - stock.adobe.com)

El debate sobre la lectura en Chile vuelve a instalarse con fuerza en la antesala del Día Mundial del Libro— que se celebra este próximo 23 de abril — pero con un matiz cada vez más evidente: el problema ya no es solo cuánto leen los estudiantes, sino cuánto logran comprender. Los datos más recientes muestran una tendencia preocupante y sostenida en el tiempo, donde la dificultad no solo persiste, sino que aumenta a medida que avanzan en su trayectoria escolar.

Según resultados del SIMCE 2025, un 27% de los estudiantes de 4° básico se encuentra en nivel insuficiente en comprensión lectora, mientras solo el 47,5 alcanza el nivel adecuado. Sin embargo, el escenario se vuelve aún más crítico en niveles superiores: en 8° básico, un 42,3% de los estudiantes no logra comprender lo que lee, cifra que asciende a un 48% en 2° medio.

Este fenómeno revela que la comprensión lectora no es un problema puntual, sino una brecha estructural que se amplía con el tiempo. “Hoy el problema no es la cantidad de textos que leen los estudiantes, sino la capacidad de comprender lo que leen. Considerando que la extensión y complejidad de textos aumenta a medida que avanzan los niveles educativos, la brecha entre los aprendizajes esperados y obtenidos se hace más profunda”, explica María Jesús Forteza, docente y gestora de contenidos de Ziemax.

Las causas detrás de esta situación son múltiples y van más allá del aula, la comprensión lectora depende de habilidades como la atención, la motivación y la capacidad de sostener el esfuerzo cognitivo, elementos que hoy se ven impactados por cambios en los hábitos y entornos de los estudiantes. En ese contexto, factores como el uso intensivo de pantallas y la exposición a contenidos fragmentados están modificando la forma en que niños y adolescentes se relacionan con la lectura.


Es relevante considerar que fuera del aula los estudiantes se enfrentan e interactúan con textos que en general son fragmentados e interpretativos, como memes o vídeos breves. Esta realidad exige integrar en la enseñanza nuevas formas de comprensión que integren su realidad cercana y hagan crecer la motivación por la lectura”, agrega Forteza. Este cambio de paradigma obliga a repensar no sólo qué se lee, sino también cómo se enseña a leer en un entorno digital y dinámico.

El sistema educativo enfrenta el desafío de dejar atrás un modelo centrado en la comprensión lectora explícita. En la práctica, el plan lector aún prioriza la evaluación por sobre la experiencia y la comprensión profunda. En línea con las orientaciones del MINEDUC, hoy el foco está en una lectura más activa. Esto implica que los estudiantes interpreten, relacionen y evalúen los textos. Además, se busca que conecten la lectura con su experiencia y la compartan con otros.

El desafío, sin embargo, no recae únicamente en el sistema escolar: la evidencia muestra que el desarrollo del hábito lector está fuertemente influenciado por el entorno familiar y social. “La lectura, como cualquier hábito, se incorpora de manera natural en los niños cuando está presente y es apreciada en la vida cotidiana del entorno familiar”, señala Forteza.

En este escenario, iniciativas como el Día del Libro cumplen un rol importante al visibilizar la importancia de la lectura y generar instancias que favorezcan la motivación, pero resultan insuficientes si no se acompañan de un trabajo constante y sostenido en el tiempo. Expertos coinciden en que el fomento lector efectivo hoy requiere una mirada integral, que combine motivación, acompañamiento y adaptación a los nuevos formatos en los que los estudiantes interactúan diariamente.

Los especialistas plantean que el desafío no es volver al modelo tradicional, sino avanzar hacia uno que integre distintos lenguajes, fomente el disfrute y fortalezca la comprensión en contextos reales. Solo así será posible cerrar una brecha que no solo impacta el rendimiento académico, sino también la capacidad de las futuras generaciones para desenvolverse críticamente en la sociedad.

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