Este miércoles, el Senado aprobó el proyecto de ley que autoriza erigir un monumento en memoria del exmandatario Sebastián Piñera.
Sin embargo, la sesión parlamentaria estuvo marcada por la intervención del senador Ignacio Urrutia, quien utilizó su tiempo en la palabra para criticar la presencia de homenajes a figuras históricas de la izquierda en el centro cívico de Santiago.
Críticas a Salvador Allende y la mención a Augusto Pinochet
En su discurso, el representante del Partido Republicano dirigió sus cuestionamientos hacia la figura del expresidente Salvador Allende, cuya estatua se encuentra actualmente frente al Palacio de La Moneda. Según la intervención del parlamentario, en “la Plaza de la Constitución sí tenemos una estatua de Salvador Allende quien sí violó los derechos humanos”.
Acto seguido, Urrutia manifestó su preferencia por un homenaje al líder del régimen militar, señalando de forma textual que “el que debía estar ahí es mi capitán general presidente Chile Augusto Pinochet Ugarte”. Sus palabras provocaron reacciones inmediatas en el marco de una discusión que buscaba ratificar el reconocimiento póstumo a la trayectoria democrática de Piñera.
El respaldo al monumento de Sebastián Piñera por alternancia democrática
Pese a su alusión a la figura de Pinochet, el senador Ignacio Urrutia confirmó que su voto sería a favor de la iniciativa para erigir la estatua de Sebastián Piñera. El legislador justificó su posición basándose en el rol institucional que desempeñó el fallecido político de la coalición Chile Vamos.
Al respecto, Urrutia argumentó que Piñera “fue un presidente que cumplió dos mandatos con alternancia y por lo tanto se merece tener un reconocimiento”. Con este respaldo, el proyecto logró la votación necesaria en el Congreso Nacional para avanzar hacia su implementación definitiva.
Aprobación del monumento en el Senado de Chile
La discusión concluyó con la aprobación de la obra, la cual busca reconocer la trayectoria de quien fuera Presidente de la República en dos periodos.
La intervención de Urrutia quedó registrada como uno de los momentos de mayor tensión ideológica durante la sesión de la Cámara Alta, vinculando el debate sobre los monumentos actuales con la historia política reciente de Chile.
