En la vida de Pablo Flamm hay dos espacios donde todo fluye con naturalidad: el estudio de radio y la cocina. Si el primero define su vocación profesional, el segundo se ha transformado en su refugio personal, un lugar donde desconecta, experimenta y comparte.
Lejos del micrófono, el periodista ha cultivado una afición que con los años dejó de ser un pasatiempo para convertirse en una verdadera pasión. No se trata de preparaciones simples. Flamm ha desarrollado habilidades en pizzas artesanales, carnes y platos más elaborados como tiraditos de salmón y atún, donde mezcla técnica, intuición y una marcada atención por los detalles.
“La cocina tiene algo muy parecido a la radio: es inmediata, es creativa y es para compartir”, comenta, estableciendo un puente entre sus dos mundos.
Ese vínculo tuvo un punto de inflexión en 2019, cuando se consagró ganador de la quinta temporada de La Divina Comida. En ese espacio, donde compartió con Marlene Olivari, Gloria Simonetti y Alonso Quintero, su interés por la gastronomía tomó un nuevo impulso. “Ahí partió con más fuerza mi pasión por la cocina”, reconoce.
Desde entonces, su talento culinario se ha vuelto protagonista en su círculo cercano. Entre amigos —los llamados “Samantho’s”— es frecuente verlo asumir el rol de anfitrión, liderando encuentros donde la comida es el eje central. Y, según relata entre risas, el veredicto es claro: “La aprobación es total”.
Su rutina diaria, en contraste, está marcada por la intensidad. Desde comienzos de marzo, inicia temprano en Expreso AM, donde comparte conducción con Loreto Álvarez, acompañando a la audiencia en las primeras horas del día. Más tarde, vuelve al aire junto a Rodrigo Ried y nuevamente con Álvarez, completando extensas jornadas en la emisora.
“Estar en radio todos los días es un privilegio. Es compañía real, y eso no lo pierdo de vista”, afirma.
Los sábados, su voz también se mantiene presente, sumando además su participación en Deportistas con Historia, donde cruza su mirada periodística con su interés por el deporte, especialmente el tenis y el fútbol.
Pero es al final del día cuando el ritmo cambia. Lejos de la pauta, los tiempos y la exigencia del aire, la cocina se convierte en su espacio más íntimo.
“Cocinar es mi cable a tierra. Me gusta invitar, compartir y probar cosas nuevas. Es un espacio donde también conectas con los demás, pero desde otro lugar”, reflexiona.
En ese entorno también están sus hijas, Martina y Josefa, su principal motor, junto a amigos cercanos como el periodista Ramón Ulloa, con quienes comparte historias y complicidad fuera del estudio.
Así, entre micrófonos y recetas, Pablo Flamm construye un equilibrio poco común: intensidad en lo profesional y pasión en lo personal. Porque si la radio es su voz, la cocina —como él mismo lo resume— es su otra forma de expresión.
