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De Chile para el cosmos: la historia del poeta chileno que fue el primer dueño legal de la Luna

Jenaro Gajardo Vera, el chileno que se convirtió hace casi 70 años en el propietario de la Luna guarda una de las anécdotas más torcidas del Sistema Solar.

Conoce todo sobre Lunar Codex, un proyecto en el que coopera la NASA bajo el objetivo de llevar miles de piezas de arte a la Luna con la misión Artemis.

La Luna es un astro objeto de fascinación de propios y extraños, tanto dentro como fuera de la comunidad científica de la NASA y otras entidades dedicadas a la observación de las estrellas y nuestro Sistema Solar. Donde a lo largo de siglos cientos de individuos han dejado huella, pero nadie como el amigo de Chile Jenaro Gajardo Vera.

Su nombre tal vez no esté tan relacionado al legado e historia de nuestro astro satelital como sucede con Neil Armstrong, Buzz Aldrin y muchos más. Pero el colega cuenta con una peculiaridad que le ha asegurado un lugar en la historia.

Y es que este artista en su momento fue el primer propietario de la Luna. Literalmente, fue dueño de la Luna y nadie podía hacer nada para impedirlo.

Hoy analizamos las aristas de su caso, constituyendo la ocasión perfecta para reflexionar sobre el orden del futuro cuando imaginamos la siguiente era de la exploración espacial.

Ese porvenir donde Elon Musk quiere mandar gente a colonizar Marte, tal vez sin pensar en las implicaciones legales que tendría. Esta historia la retomamos para no olvidar.

Jenaro Gajardo Vera y ese momento donde Chile tuvo al único propietario de la Luna

Los queridos amigos de Muy Interesante España han publicado un artículo memorable, en donde retoman la historia de Jenaro Gajardo Vera, un abogado y poeta chileno, quien en 1954, se convirtió en el propietario de la Luna. o eso al menos logró afirmar con cierto respaldo jurídico tras aprovechar un hueco legal que le permitió registrar la propiedad del satélite terrestre en una notaría de la ciudad de Santiago.

Jenaro se dedicaba a la poesía y a la astronomía en sus ratos libres y su interés por el espacio exterior le llevó a fundar la Sociedad Telescópica Interplanetaria, una organización que tenía entre sus objetivos “formar un comité de recepción a los primeros visitantes extraterrestres”.

Jenaro Gajardo Vera, el chileno que se convirtió hace casi 70 años en el propietario de la Luna guarda una de las anécdotas más torcidas del Sistema Solar.

Era un sujeto único, estrafalario a su modo, y aprovechó la oportunidad para registrar la propiedad de la Luna como una acción simbólica y una expresión de su visión del espacio. En su declaración de propiedad, Gajardo Vera deja entrever cómo estaba perfectamente consciente de todo lo que estaba provocando:

“Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta, es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, oriente y poniente: espacio sideral. Fija su domicilio en calle Oriente y su estado civil es casado. Talca.”

Las leyes de aquel momento le exigían al poeta publicar su reclamación tres veces en los medios impresos de aquel momento, clamando su propiedad desde antes del año 1857. Si no recibía objeciones entonces el terreno en cuestión pasaba a ser de su propiedad.

La declaración de Gajardo Vera no fue la primera ni la última. Desde entonces, muchas otras personas han proclamado ser dueñas de la Luna, incluyendo a Dennis Hope, un empresario estadounidense que vendió parcelas de terreno lunar a través de su empresa Lunar Embassy.

Sin embargo, estas declaraciones de propiedad lunar no tienen ninguna validez legal. En 1967, se firmó el Tratado del Espacio Exterior, un tratado internacional que prohíbe la apropiación de la Luna o de cualquier otro cuerpo celeste.

El Tratado del Espacio Exterior tiene como objetivo garantizar el uso pacífico del espacio exterior para el beneficio de toda la humanidad. Prohíbe el despliegue de armas nucleares o de cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva en el espacio, y establece que el espacio debe ser accesible para todos los países.

La historia de Jenaro Gajardo Vera es sólo una anécdota curiosa y atípica. Un ejemplo de cómo un hombre con su imaginación y su idealismo, dejó huella en la historia de la exploración espacial.

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