Columna: Cagón

Irán detrás del entrenador, uno más al saco, siempre es lo más fácil, aunque trabaje como pocos, cuando el problema lo tienen en su cultura exitista, en su alma bipolar, ésa que endiosa y endiabla de un segundo a otro, y que todavía no se sacude de la resaca de 1986.

Por Juan Ignacio Gardella

Las cinco veces que Sampaoli le gritó "cagón" a Vrsaljko el jueves, cuando el lateral croata evitó que el DT le diera la pelota a uno de sus dirigidos para que jugara rápido, reflejan justamente el sentimiento propio sobre la historia del fútbol argentino en los últimos 25 años.

Como el casildense no se lo podía decir a los suyos, se descargó con el rival, pero es evidente que la Albiceleste entró a la cancha ese día con un miedo que se olía desde la pantalla y con los fantasmas de Corea-Japón 2002 bien presentes.

En la cabeza también juegan las tres finales seguidas perdidas, porque es innegable que poco a poco Messi y compañía se han ido autoconvenciendo de que quizá la gloria en la selección no es para ellos, con un amago de retiro como muestra.

Sin embargo, en lo que casi nadie repara al otro lado de la cordillera entre tanto griterío televisivo, titular incendiario y “yo lo dije”, es en que esta generación “perdedora” les ha dado muchas más ilusiones que la anterior, ésa que estaba llena de caudillos con unos huevos supuestamente gigantes, la de Zanetti, Ayala, etc., pero que ni siquiera se acercó a una definición planetaria

Desde el momento en que Maradona se convirtió en D10S en México, entre todos empezaron a cavar la tumba de los que vendrían, porque ya ser campeón del mundo es muy difícil, pero lograrlo con una actuación individual tan potente como la del Pibe de Oro en tierras aztecas es prácticamente imposible.

Y ahí están los que vivieron esa gesta refregándola a cada rato y los que no, ansiosos por vivir algo similar, pidiéndole a Lionel que sea Diego cuando nunca va a serlo, y afilando los micrófonos y las plumas para despedazarlo apenas se consuma el nuevo fracaso, y para recordarle otra vez que con la Celeste y Blanca es un “gonca”, como les gusta decir.

Luego irán detrás del entrenador, uno más al saco, siempre es lo más fácil, aunque trabaje como pocos, cuando el problema lo tienen en su cultura exitista, en su alma bipolar, ésa que endiosa y endiabla de un segundo a otro, y que todavía no se sacude de la resaca de 1986.

Pero ojo si le ganan a Nigeria y se meten en octavos, porque esto es fútbol y en una de ésas…

¿Dónde se esconderían varios?

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