Columna: Flojo jo jo

¿Qué esperaban, que Rueda, con un año y medio por delante, siguiera poniendo a los mismos 11 de la Centenario 2016 en todos los amistosos del 2018 y 2019, en definitiva, que no aportara ningún valor agregado desde su cargo, como hizo Pizzi?

Por Juan Ignacio Gardella

He leído y escuchado mucho en los últimos días a los más duros detractores de Rueda justificar sus críticas previas a la Copa América con el argumento de que el colombiano volvió a recurrir a los históricos, que debió haberlo hecho siempre y que ahora, cuando las papas queman, echó pie atrás para salvar su pellejo.

¿Qué esperaban, que el DT, con un año y medio por delante desde que asumió hasta su primer desafío oficial, siguiera poniendo a los mismos 11 de la Centenario 2016 en todos los amistosos del 2018 y del 2019, en definitiva, que se dedicara a flojear y no aportara ningún valor agregado desde su cargo, como hizo Pizzi durante un buen rato, cuando el país pedía a gritos un recambio tras la no clasificación al Mundial de Rusia?

Recuerdo haber escrito una columna en noviembre del año pasado, días después del bochorno contra Perú en Miami y del agónico triunfo sobre México en Querétaro, titulada “Rueda ha hecho la pega”, cuando muchos pedían la cabeza de Rei sin siquiera haber debutado por los puntos, destacando su trabajo para buscarles variantes a los referentes de la Generación Dorada, más allá de que las encontrara o no.

Y finalmente lo consiguió, porque, en medio de un quiebre de camarín donde su toma de postura sigue siendo discutible, le dio total confianza a un arquero como Arias que tiene la difícil tarea de reemplazar al capitán del bicampeonato, le encontró un partner a Medel en la defensa como Maripán ante el nivel de un Jara que venía en decadencia y empoderó en la mitad de la cancha a un Pulgar con la complicada misión de sustituir el cerebro del equipo que se consagró dos veces monarca del continente.

En resumen, metió tres nombres de su cosecha en la oncena titular, que pudieron haber sido más, porque buscó incansablemente un lateral izquierdo ante los constantes problemas físicos de Beausejour, le dio innumerables oportunidades a Castillo para consolidarse como el “9” de la Roja frente a la indisciplina de Vargas y probó extremos por montones, como Sagal y Junior, que no estuvieron a la altura del Chapa Fuenzalida.

Te puede gustar o no el estilo de juego del cafetero, te pueden agradar o no sus declaraciones, pero no puedes decir que no ha trabajado, y eso que no profundizo en los microciclos.

Más allá de lo que pase en Brasil, donde el techo es imposible de superar y seguramente volverán a aperecer los oportunistas si no se levanta el trofeo, varios deberían aplicar el “nobleza obliga”.

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