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Amigo “plebeyo” de la infancia de “Miguel de Liechtenstein” cuenta detalles de su “niñez real”

Según cuenta el caballero Álvaro Felipe Hipp, del linaje de los Hipp de Osorno, Miguel era un niño tranquilo de un barrio residencial donde el principal pasatiempo era escalar árboles.

Era principios de la década de los 90 y mientras en en Liechtenstein, un pequeño territorio ubicado al centro de Europa el príncipe Juan Adán II asumía el poder, en Osorno, al sur de Chile, Miguel Ángel Pardo Oyarzún disfrutaba de su niñez jugando con figuras de acción de los Thundercats o mataba el tiempo subiéndose a árboles.

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Creciendo en una ciudad que por entonces ni siquiera tenía Burger King, ponerse una corona parecía algo bastante lejano, aunque no para Miguel, hasta hace poco famoso por presentarse ante las familias reales de España como «Miguel de Liechtenstein».

Su caso quedó al descubierto luego que el medio ibérico ABC.es lo delatara: tras comunicarse con la corona de Liechtenstein, les confirmaron que Miguel no forma parte de esa familia real.

El barrio donde creció en Osorno

Tras el hecho, en Publimetro descubrimos que el artículo del medio español estaba en lo cierto: Miguel era oriundo de la ciudad sureña, había estudiado en el Osorno College y en su anuario sus compañeros le habían escrito cosas como «logramos captar su peculiar afición por los hechizos o cosas como esas, prediciendo el futuro de más de algún compañero o realizando alguna poción mágica», siempre en tono de broma.

Ahora, Álvaro Felipe Hipp, del linaje de los Hipp del barrio Rahue de Osorno, cuenta algunos detalles reales de la niñez de Su Alteza Miguel.

– ¿Cómo era jugar con alguien que hasta hace poco decía ser miembro de la realeza?
– Para empezar, era una situación bien normal. Jugábamos a los típicos juegos de cabros chicos. Él era vecino de mi abuela en Osorno, que vivía en la calle Victoria en el barrio de Rahue. Yo iba a su casa en los fines de semana, sobre todo después de Navidad. Yo me acuerdo que nosotros llevábamos los regalos para Pascua y salíamos a jugar al parque que estaba en frente de la casa con todos los niños, incluyéndolo a él. Todo esto a principio de los noventa.

– ¿Y cómo eran los juguetes que tenía Miguel? ¿Eran finos o era la típica pelota de carey de cien pesos, esa que tenía un mapa dibujado?
– No, eran juguetes bien ‘clase media’, parafraseando a «Lita Achondo» de «Pitucas sin lucas». Nosotros teníamos una edad bien parecida, así que él ahora debe tener 33 o 34 años, así que somos de la misma generación casi. En la época en que jugábamos juntos, estaban de moda los Thundercats y los Halcones Galácticos. Recuerdo que todos teníamos juguetes de León-O, Panthro o Mumm-Ra, eran más bien normales.

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Álvaro Hipp, amigo de Miguel

– ¿Pero tenía pinta de ser un miembro de la realeza?
– Él siempre fue un cabro rubio con ojos claros. No me acuerdo si eran verdes o azules, pero sí, siempre tuvo ese estilo. Lo del cambio del apellido, no puedo hablar mucho porque no me acuerdo. Lo que sí te puedo confirmar, es que él y yo estuvimos en el colegio Osorno College. Ahí él tenía un apellido español, que puede ser Pardo como dicen ustedes. En ningún caso era ‘Von und zu Lichtenguachugüei’ o lo que sea que usa ahora.

– ¿Y en el colegio, qué tal mi rey?
– Yo volví mucho tiempo después y sólo me acuerdo que llegué a cuarto medio y él iba en tercero. Entonces lo veía en el patio y ahí se veía tranquilo, callado. No lo recuerdo jugando a la pelota con sus compañeros ni tampoco siendo muy participativo en las actividades extraprogramáticas, no, no. Nada de eso. Era bastante piola.

– ¿En algún momento pudieron ir a un Burger King, por último para que se pusiera una corona?
– Es que en Osorno por años no hubo nada de comida rápida. Cuando cabro chicos, el McDonald, el Burger, había que ir a comerlos a Puerto Montt o Valdivia. Se saltaban Osorno, porque era una ciudad muy fome. De hecho, todos los que querían tener una casa más o menos, no sé, teles modernas, muebles, tenían que ir a Puerto Montt.

– O sea, que un miembro de la realeza viviera en Osorno era tan raro como ver a un político honesto
– Claro. Por ningún motivo un príncipe europeo viviría en el barrio Rahue. Si querías aparentar que eras de la realeza, tendrías que irte de Osorno. Él se fue a vivir a España y ahí lo tienes. En Osorno no pasaba nada. El principal pasatiempo era subirse a los árboles.

 

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