Se necesita valentía para ser de Greenpeace. Esta frase se me repetía a cada instante en la cabeza durante el tercer día a bordo del Esperanza, ya era 24 de diciembre y junto con eso todo lo que implica estar ad portas de Navidad. 

Por ser un día especial a la tripulación se le dio permiso para terminar con sus labores a las 12:00 del día, luego de eso podían descansar y preparar sus mejores tenidas para la cena de navidad que esta vez sería un poco más tarde, a las 20:00 horas. 

Por mi parte, el 24 de diciembre lo sentí intenso porque el barco ya estaba en dirección al norte, lo que implica que el viento hizo que el movimiento fuera más fuerte, todo esto trajo mareos, nauseas y pocas ganas de comer. 

Todos al interior del barco descansábamos, menos Daniel Bravo (38) el cocinero del barco quien trabaja desde hace cerca de 13 años para Greenpeace, y es el único que nunca descansa durante los tres meses que se embarca por la causa de salvar al medio ambiente. 

“Un cocinero siempre tiene que estar disponible aunque sea feriado o domingo, porque siempre se come y más aún en una fecha tan importante como noche buena, lo único que espero es que todos puedan estar bien para comer lo que estoy preparando”, señala Daniel mientras me ayuda con una sopa para reponerme. 

Daniel es de nacionalidad mexicano y tiene estudios de chef en su país, donde antes de dedicarse a ser el cocinero de los barcos de Greenpeace, trabajó como chef en hoteles, en restaurants y para privados, pero el estar embarcado es su pasión. 

“He cocinado para varia gente, pero lo que más me gusta es estar arriba de los barcos, y poder cocinar lo que quiero, intento comprar comida orgánica en cada país que llegamos y poder tener algo diferente. La comida agro-ecológica hace que el planeta esté mejor, por ejemplo el luche absorbe el CO2 y la quínoa repone nutrientes a la tierra”, cuenta Dani, como le dicen, mientras prepara unas croquetas de quínoa y luche para el resto de los que vamos arriba del barco. 

El menú es muy variado para que todos queden contentos: pavo rostisado, pescado, verduras, ñoquis con mantequilla y nueces, risotto de hongos, porotos verdes con hongos, y postre de cheescake de arándanos y mousse de chocolate blanco. 

A pesar del arduo trabajo que tiene Dani en esta fecha, no deja de recordar a su hija María de 10 años, a la que le manda mensajes de voz vía whatsapp para recordarle lo mucho que la quiere y desearle una feliz navidad. 

Cuando Dani habla de su hija, su personalidad cambia y la nostalgia se apodera de él.

“Extraño bastante a María, estar lejos cuesta sobretodo par fechas importantes como para mi cumpleaños que fue hace poquito y ahora para navidad. Le he mandado algunos audios para desearle feliz navidad y espero que Santa se porte bien con ella”, cuenta Dani un poco nostálgico.

Dani partió en Greenpeace como la mayoría acá, siendo voluntario, luego fue parte de los activistas, para convertirse en el cocinero del Arctic Sunrise y ahora del barco Esperanza, donde en cada barco que ha estado a bordo, intenta que las personas sientan que con la comida que consumen pueden contribuir a tener un mejor planeta.

“Para mi es importante poder colaborar con cada cosa, por eso intento que cada alimento sea escogido de manera especial, donde cada uno de ellos haga el menor daño posible tanto para el cuerpo como para el medí ambiente”, dice Dani. 

La comida agro-ecológica ha tenido aceptación en las personas de Greenpeace por todo lo que implica, de hecho desde hace un tiempo están preparando un libro de recetas, el cual elabora Daniel Bravo para Greenpeace. 

Ya es un poco pasado de las 20:00 horas y Dani me viene a buscar a la popa del barco para ir a cenar, donde estoy acostada intentando reponerme, logramos llegar al comedor y apreciar el gran trabajo que se hizo con el banquete. 

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