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De cortometrajes a regresiones: el pasado sexualizado de Nicolás López

Escribió sobre besar a una joven ebria, a los 16 se reía de la zoofilia y a los 21 se hizo una hipnosis: “Abusaba de mis alumnas”.

El año 1996, cuando Nicolás López era un niño de 12 años comenzó a escribir para el suplemento “Zona de Contacto” del diario El Mercurio, la columna Memorias de un Pingüino. En esta, relataba las experiencias de Roberto Rodríguez, un personaje de ficción que fue construido en base a sus propias vivencias escolares y fantasías con las mujeres, las cuales relataba de forma exagerada, según confesó él mismo tiempo después.

Fue en ese contexto, que el 22 de enero 1999, cuando ya era un adolescente de 15 años, relató cómo su personaje se sintió “increíble” al besar a una joven en estado de ebriedad.

“En ese instante, de la nada, apareció una chica bastante apetecible ella, de otro colegio chileno que alojaba en nuestro hotel. Se abrazó a mí, estaba ebria y me pidió ayuda para regresar. Yo la dejé en la puerta de su pieza, pero ella me invitó a pasar. Se dejó caer sobre la cama y me dijo si podía quedarme con ella hasta que llegaran sus amigas. Su imagen era real y tenía sus labios tan cerca que lo hice. Le di un beso. Cerré los ojos, aguanté el sabor del agua ardiente y comencé a trabajarla con mi lengua. Me sentí increíble”.

“Soy harto degenerado”

Ese mismo año, dirigió su primer cortometraje Pajero, que contaba la historia de un estudiante que compraba una película pornográfica para poder masturbarse en la pieza de su casa, acostado boca abajo, pero es interrumpido en reiteradas ocasiones por sus familiares.

Al comienzo del corto audiovisual, de siete minutos de duración, se lee “Cuando pienso en mi soledad, ocupo la mano (López)”.

Luego, se ve al escolar comprando la película pirata en una plaza y le reclama al vendedor -interpretado por Francisco Ortega- por el alto precio del video. Pero este, le explica las razones que la hace de “colección”.

“Mira pendejo, querías una película con sexo oral, anal, en tres dimensiones, con animales y con muertos...Eso es de ¡colección!...soy harto degenerado para ser tan pendejo”.

Después, el año 2000, a los 16 años de edad, grabó Florofilia, un cortometraje que cuenta la vida de un hombre que tiene sexo con las plantas.

Tiempo después, cuando ya había consolidado su carrera y bajado varios kilos de peso, participó de una especie de “conferencia de prensa virtual” que le organizó el medio El Dinamo, para responder a los usuarios que le escribían vía Twitter. Ahí le consultaron sobre las temáticas de sus películas y López explicó en el minuto 2:46 que “mis películas son una especie de autobiografía en clave”.

A raíz de esta constante fijación por temas sexuales, Nicolás López decidió tratar sus problemas de ansiedad y ataques de pánico con la psicóloga Lita Donoso, quien en su libro “El Método”, destina una parte para que el propio cineasta cuente su experiencia con ella, según relató La Tercera, en la serie en formato audio “Yo También: el juicio de Nicolás López”.

“Era un psicópata, abusaba de mis alumnas”

Y este fue su relato: “Ella estimó que podríamos intentar buscar el origen de estos síntomas en vidas pasadas y yo dije, bueno ya, por qué no. Hicimos la activación, empezamos ir hacia atrás y más atrás y llegué a la siguiente situación. Estaba en Francia y yo era un psicópata. Una especie de mecenas que financiaba y protegía a muchos estudiantes. Era una especie de megalómano, artista, pero no muy bueno. Lo peor, era que abusaba sexualmente de mis alumnas, jugaba mucho con el poder. Organizaba orgías y era como sodoma y gomorra y era una persona perversa”.

Tras esto, que fue presentado como un caso de éxito, la psicóloga señaló sus intenciones de editar el libro para eliminar el polémico extracto.

“Pediré a mi editorial que evalúe sacar la historia de Nicolás López de las próximas ediciones, ya que podrían ofender a las mujeres que han sido víctimas de abuso”, escribió Lita Donoso en su Instagram.

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